Más de un mes en Namaacha, sur de Mozambique

Es difícil condensar en una sola entrada todo lo vivido en estos aproximadamente 35 días que llevamos viviendo en Namaacha. A mí personalmente me parece que llevo mucho tiempo, más del que el calendario marca. La sensación de que esta tierra me llama, sumado a los pocos elementos firmes que reclaman mi atención y presencia en mi tierra, aumentan la sensación de parón en el tiempo. Echo de menos, claro, pero más echo de menos lo que aun estoy viviendo. Sí, es una sensación rara, acentuada por un subconsciente rebelde que por las noches me desordena aun más las emociones. Pero los sueños, no son lo que he venido a contar aquí.

Entramos a Mozambique el 13 de Julio por la tarde, por Resano García. Dos horas más tarde de lo previsto, habiendo gozado ya de la primera puesta de sol y de un cambio de aires notable respecto a Sudáfrica ya des de la misma frontera,  finalmente llegamos a Maputo, después de más de 10 horas de autocar. La parada en la periférica Matola y la entrada en la agitada capital, ya nos provocó algún que otro escalofrío, pero en poco tiempo ya nos encontrábamos cenando rodeados de hermanas, las cuales nos dieron una cálida acogida en su casa provincial de Maputo. Ellas son una buena muestra de la composición étnica de Maputo y en general de Mozambique. Hermanas de otras provincias (Niassa, Tete, Cabo Delgado, Zambeze, etc.), hermanas de ascendencia india, algo muy normal en Mozambique; hermanas blancas, normalmente de Portugal, y otras del resto del mundo. Concretamente la hermana Elen, de Méjico, con una larga experiencia misionera en Brasil principalmente, fue con la que habíamos estado preparando la estancia desde principios de año. Ella hizo mucho más llevaderas nuestras primeras horas en Maputo y nuestra preparación para lo que aun estaba por llegar.

Atardecer en Namaacha

Atardecer en Namaacha

Al día siguiente partimos para Namaacha, nuestro destino final. Allí donde nos esperaba todo durante dos y tres meses. Es imprescindible antes de seguir, presentar a la que ha sido nuestra madre adoptiva hasta el día de hoy, y muy probablemente lo siga siendo durante mucho tiempo. De hecho, hemos tenido muchas mamás. Muchas mujeres que nos han cuidado, nos han aconsejado y nos han dado cariño, tanto hermanas como gente no religiosa. Pero la hermana María José de Madeira (Portugal), ha sido un tanto especial. Su sonrisa, humildad, cariño y ayuda, nunca nos ha faltado. Con ella llegamos a Namaacha.

Los primeros días en el pueblo fueron una revolución de sensaciones. Todo era nuevo y de todo teníamos ganas. Aun estábamos verdes y las impresiones eran muy fuertes pero poco a poco fuimos encajando. De los primeros pasos fue conocer la casa donde íbamos a vivir. Una comunidad muy cercana a la frontera con Suazilandia, en la que viven unas 10 hermanas, las cuales nos han hecho sentir en todo momento como si estuviéramos en casa. Luego la primera semana consistió sobretodo en ver cuál iba a ser nuestra rutina aquí. Dos elementos principales iban a vertebrar nuestros días en Namaacha: primero la colaboración en un centro de acogida al que vienen niños de mañana y de tarde, antes y después de ir al colegio. Se trata de un proyecto conjunto entre Caritas de Australia y las hermanas Franciscanas Misioneras de María, que consiste en dar acogida de día (a modo de actividades extra escolares) a niños especialmente necesitados, con situaciones familiares y de salud bastante complicadas.

Y en segundo lugar, visitar, acompañar y conocer a las familias que forman parte de la otra cara del proyecto entre Caritas Australia y las hermanas FMM. Este es un proyecto de dinamización y manutención de una serie de familias que como en el caso de los niños (de hecho muchos de los niños del centro son de estas familias), viven situaciones muy graves, tanto de salud como de extrema pobreza. El proyecto hasta ahora tenía dos facetas. Una centrada en la dinamización de grupos de autoapoyo en cada barrio del pueblo, como sistema de autogestión y autofinanciación mediante la realización de pequeños negocios de subsistencia. Y otra más caritativa, que consistía en la donación de kits alimentarios mensualmente a las familias que más lo necesitaran. Esta segunda parte, finalizó por orden de Caritas Australia, a principios de este mes de Julio, por ser considerada improductiva. Así pues el proyecto entre Caritas Australia y las hermanas FMM basculaba ahora hacia el –de momento- incipiente proyecto de los grupos de autoapoyo en los barrios. Algo mucho más dinámico y que a diferencia de las donaciones, promete un futuro de autogestión y modelo viable de cooperación de base entre la misma gente del pueblo.

Así pues nuestros días y semanas se estructuraban de la siguiente forma: normalmente alternábamos los niños de tarde con los niños de mañana, para así por las tardes o por las mañanas ir a visitar a las familias con las activistas. He aquí una de las piezas claves del proyecto. Las activistas, son mujeres del pueblo que aparte de llevar a cabo sus trabajos (vendedoras, profesoras, enfermeras, etc.), dedican parte de su tiempo libre a apoyar y dinamizar el proyecto conjunto de Caritas Australia y las hermanas FMM. Antes y durante el desarrollo de esa tasca, se forman para tener unas mínimas bases en cooperación y trabajo social, pero más que formar parte de un proyecto de cooperación, estas mujeres son ante todo gente dedicada a su pueblo. Cada una de ellas se ocupa de un barrio de Namaacha, y los ratos que dedican a visitar a la gente que más precisa de su apoyo, van de casa en casa, compartiendo momentos con distintas familias. Comprueban que las familias sigan los tratamientos que llevan a cabo para paliar sus enfermedades, hablan con los distintos miembros de cada casa y en definitiva les hacen compañía, que es lo que las familias más agradecen.

Visita familia del proyecto, en barrio de la Cascada, con la activista Angelina

Visita a una familia del barrio de la Cascada, con la activista Angelina

Nuestros primeros momentos con los niños del centro fueron impresionantes. Yo personalmente no había trabajado nunca con niños, así y todo des del primer día y hasta hoy he experimentado una agradable sensación de complementariedad con los chavales, que difícilmente podré olvidar. Des del mismo momento que entramos por la puerta, unos 20 niños y niñas se nos abalanzaron a darnos abrazos e infinidad de muestras de cariño. Nosotros inicialmente nos vimos superados por tanto amor y ganas de jugar, pero rápido nos fuimos acostumbrando a ese ritmo. Con ellos pasamos casi todo el tiempo que están en el centro, junto con las dos profesoras: Aida y Marcela (ambas activistas); la cocinera: Mamá Bea y el encargado de la machamba (huerta) y de muchas cosas más: el incombustible Samuel. Con todos ellos, más los niños (tanto de mañana como de tarde) formamos un gran equipo, una gran familia, con la que esperamos no perder nunca el contacto.

Cada niño es una historia muy especial. Muchos no tienen padres y viven con sus responsables, sean abuelos, tíos o cualquier familiar. Otros sus padres están trabajando en Sudáfrica y apenas ven a sus hijos. Algunos son hijos de padres muy jóvenes, en los que normalmente el padre está desaparecido y la madre es la que carga con los hijos. Y otros son hijos de madres y padres enfermos de sida, con lo cual los niños también son enfermos. Pese a tan difíciles circunstancias, los niños y niñas raramente muestran síntomas de tristeza, salvo algunos días en los que se encuentran enfermos o en los que parece abordarles una extraña sensación de toma de conciencia de las realidades en las que viven. Con ellos solemos compartir los momentos de jugo, estudio y deberes, y de comer. Las edades de estos niños y niñas oscilan entre los 6 y 15 años. Nombraré tan solo algunos para no saturar el texto, pero recalco la importancia para nosotros de cada uno de ellos: Kitu, Carminha, Bea, Irene, Nordino, Jeremias, Rut, Nazira, Dulce, Erçio, Tiniko, José, João, Serzio, Dercio, Sonia, André, Alex, Nordito, Nilton, Cándido, Luky, Lucy, Isa, Teresinha, Arnaldo, Manuel, Isaac, Inocenzio, Jazinto, Luisa, Elsa, etc. Todos ellos y los que faltan, claves imprescindibles para nosotros en esta estancia. Sinceramente, no sé como soportaré el alejarme de ellos cuando me marche de aquí.

Con parte de los niños de tarde

DSCN5441

Con parte de los niños de mañana

DSCN5629

Nazira, Arnaldo y Joel detrás

Así pues, los días fueron pasando entre las jornadas con los niños y las visitas a las familias, las cuales nos ayudaron y nos siguen ayudando a conocer mejor a la gente del pueblo. En nuestros ratos libres solemos aprovechar para descansar y hacer nuestras cosas o bien para conocer más el pueblo, de una manera diferente, más por libre. Cenas en el Club de la Academia de futbol del pueblo, en compañía de José (uno de los obreros que trabajan en la casa de las hermanas), y de quien esté por ahí dispuesto a conocer a un par de mulungus (blancos en changana) muy curiosos. Unas cervezas locales -2M, Laurentina o Manica- viendo el mundial de futbol (mientras duró) en el Hotel del pueblo, de nuevo haciendo amigos y siempre con la compañía del gran Pascual: el barman. Esas mismas cervezas, pero cambiando de sitio, ahora en el colmado de la calle principal, cerca de la frontera, con nuestro papá Muchirima, originario de Malawi pero desde joven en Mozambique. Allí  también suele estar  el pintoresco y anclado en el tiempo Correia, portugués afincado en Mozambique en época colonial, que luego formó parte del Frelimo haciendo de chofer a Samora Machel y que ahora pasaba sus últimos días sintiéndose importante y respetado en Namaacha. Comidas en otros bares del pueblo o bien en el mercado que se monta dos veces por semana, casi siempre a base del mítico Frango a la parrilla (pollo) con xima, patatas, ensalada y como no, piripiri (el picante de aquí, del cual estoy abusando, como un mozambiqueño más).

Comida en el mercado

Comida en el mercado

Otro atractivo importante de nuestra estancia, están siendo las visitas a Maputo, las cuales esperamos siempre con impaciencia y con muchas ganas. Des del segundo día que estuvimos, Maputo nos provocó ya de forma irreversible una fuerte sensación de atracción. Supongo que cada uno tendrá sus tiempos de aclimatación, porque si uno no ha salido de Occidente nunca, ya os aseguro que esa aclimatación a una ciudad del “tercer mundo”, siempre va a existir, y estoy seguro que a más de uno se le puede hacer muy larga o casi imposible. No ha sido nuestro caso. Maputo es una ciudad frenética, feliz, de contrastes exagerados, marítima, con un aire raramente mediterráneo, en la que se huele el pasado colonial portugués, sobre todo por parte de su arquitectura.

Andoni y Anezio en la Avenida Eduardo Mondleane de Maputo

Andoni y Anezio en la Avenida Eduardo Mondleane de Maputo

En la que se puede percibir una transformación impactante observando las infinitas construcciones de rascacielos y edificios muy nuevos, algunos de los cuales aun están en proceso. Multitud de gente en la calle, vendiendo, hablando y fluyendo en definitiva. Un tránsito de vehículos que para los que vivieron en la antigua Lourenço Marqués (nombre colonial de la actual Maputo) les parece más que exagerado. Los nombres de las calles, recuerdan también el pasado marxista del primer gobierno del Frelimo. Como he leído y me han contado de muchas ciudades africanas y también asiáticas, Maputo muestra de buenas a primeras –sobre todo para el ojo Occidental- un tremendo caos que parece que vaya a saturar la ciudad de un momento a otro. No es así. Es una ilusión óptica, fruto de nuestro pretendido ordenamiento urbano. En Maputo todo fluye y fluye bien, sin excesivos contratiempos. Es una mezcla de frenesí y calma. Un encuentro entre lo urbano y lo rural, y repito, un encuentro, en el cual ambos elementos no se mantienen separados. De ese híbrido, de vendedoras de mandioca y coches de lujo de empresarios o de gobierno, se deduce lo que finalmente podríamos llamar como “caos ordenado”. En sí una paradoja que no deja indiferente a nadie.

DSCN6465

Antigua plaza de toros, ahora reutilizada como zona de mercado y talleres mecánicos

DSCN5495

Barrio de Maputo

DSCN6434

Estación de tren de Maputo, de arquitectura colonial

Sin el señor Anezio (otro papá para nosotros), ese caos, hubiera parecido mucho menos ordenado. Pero gracias a él, poco a poco hemos ido pillándole el gustillo a una ciudad que no tiene desperdicio. Su orientación ha sido básica, para que nos sintiéramos cómodos, y nuestra relación con Maputo, tan solo ha hecho que empezar con muy buen pie.

De momento, tan solo podemos repetir en varios sentidos un profundo y sentido KANIMAMBO (gracias en changana). Kanimambo por la acogida en este rincón del sur de Mozambique. Kanimambo a las hermanas FMM que nos están acogiendo: Rosa, la provincial de Maputo, humilde como la que más y siempre cercana a nosotros; Laura, la superiora, una autentica mama áfrica; Carlota, una mujer cargada de tradición que no ha hecho más que enseñarnos y divertirnos con su humor; Margarida, encargada de las niñas pequeñas huérfanas que viven en la casa, una dulzura de mujer; Angélica; Clara a la que echamos de menos desde que se fue por su interminable humor; Gertrudis, gran consejera y también imprescindible si te quieres echar unas risas; las 4 novícias, Alsacia, Floriana, Rassura y Maria, esta última especialmente importante para nosotros, por las risas, la preocupación por nosotros, y por su manera de ser, aunque es joven, también es nuestra mamá. Y obviamente a María José y Elena, que ya las conocéis, por su especial protagonismo en nuestra historia.

DSCN6734

Barrio de Cocomela

DSCN5779

Barrio de San Antonio

DSCN6614

Barrio de la Frontera

 

Kanimambo también por su acogida, simpatía e interés por nosotros a muchas otras personas: El gran Anezio, que también ya conocéis; Mussa, personaje clave en el pueblo por su tasca para con las personas (incluidos nosotros); Elissa, Rita, Bia y el resto de mama áfricas que trabajan cerca de nosotros, desarrollando su gran sabiduría; Samuel, siempre dispuesto; a las activistas: Angelina del barrio de la cascada, Selcia del barrio de Sant Antonio donde solemos pasar las tardes de los viernes en comunidad, Natalia del barrio Cocomela-Frontera; y muy especialmente a Sandra y Aida del barrio 25 de junio, a Victoria, excelente guía de Cocomela (el barrio más alejado) y buena profesora de Changana, y a la gran Marcela, que junto con Aida trabajan con nosotros a diario en el centro de niños, y que además se encarga de dinamizar el barrio de la Frontera, dónde empezó hace poco con nuestro granito de arena también, el grupo de autoapoyo, el cual ya ha empezado a vender, marcando el camino para los siguientes, ya que este es el primero de todos.

Sin más KANIMAMBO a todos, y a continuar. A Andoni, mi pareja de baile en esta experiencia, le quedan tan solo dos semanas para volver a casa. La vida aquí sin el no tendrá nada que ver con lo vivido hasta ahora. Tod@s lo echaremos de menos, pero especialmente yo. Risas, complicidad en todo momento, largas conversaciones, y un largo etc. Sin duda, a partir del 4 de agosto, esto va a cambiar. No necesariamente a mal, pues estar solo más de un mes me va a enseñar muchas cosas que aun no conozco y que quizá acompañado sean difíciles de catar. Pero la sensación de vacío sera inevitable.

DSCN6196

Andoni y yo celebrando el cumpleaños de Carlota

Más Maputo, más niñ@s, conocer mejor el pueblo, más tiempo para mí, para conocerme mejor, y finalmente dos semanas en Sudáfrica, con la opción de viajar a Capetowon…en definitiva una continuación de verano, más que apetitosa.

Keep calm, It’s time for AFRICA!!!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s