Primeras experiencias en el Sur de África: Jo’burg, Sudáfrica!

En este artículo nos gustaría dar a conocer cuáles han sido nuestras primeras experiencias y sensaciones en África Negra, concretamente en África del sur. Somos Andoni y Pol (autor habitual de este blog), dos jóvenes de País Vasco y Cataluña que hemos venido a cooperar en los proyectos que las Hermanas Franciscanas Misioneras de María tienen en Mozambique, concretamente en Namaacha, un pueblo de unos 17.000 habitantes ubicado en la provincia de Maputo, al sur del país, cerca de la frontera con Suazilandia.

Conocimos este proyecto gracias a las Franciscanas Misioneras de María de la comunidad de Arrankudiaga en Bizkaia. Ellas fueron las que nos ayudaron a que este viaje pudiera salir a delante. También, las personas de las parroquias de los alrededores de Arrankudiaga nos ayudaron vendiendo rifas y mediante diferentes colectas para que económicamente pudiéramos desarrollar esta experiencia y a la vez, pudiéramos dar un pequeño impulso a los proyectos locales de Namaacha.

Uno de nosotros -Pol- acababa en junio el segundo curso del Máster de Culturas y Desarrollo en África (URV de Tarragona), con lo cual este viaje se convertía en una perfecta ocasión para realizar la estancia de fin de máster que serviría también para elaborar la tesina y comprobar de primera mano todo lo aprendido durante el máster. El padre de Andoni, Gonzalo, también formó parte de esa segunda edición del Máster CUDA, y de hecho fue él quien nos puso en contacto, tanto entre nosotros como con las hermanas de Arrankudiaga, dos de las cuales tenían una larga y profunda experiencia en Mozambique.

Pese a que nuestro destino era Namaacha, no volamos directamente a Maputo sino que llegamos primero a Johanesburgo, en Sudáfrica, a principios de junio. Esa primera escala de unos cuatro días en Jo’burg resultó ser una experiencia necesaria antes de adentrarnos en Mozambique un poco más curtidos que si hubiéramos llegado directamente. Para nosotros en la comparación, salía ganando Mozambique en cuanto a que se prevé un país más tranquilo, menos marcado por su dura historia.

Sudáfrica es un país muy especial dentro de África, con un presente que muestra aun un pasado duro y complicado, la cual cosa pudimos percibir des del momento en que bajamos del avión. Hoy en día la minoría blanca, normalmente de clase media alta, vive más o menos atrincherada o bien en los barrios al más puro estilo occidental o bien en sus extensas parcelas de tierra ejerciendo un papel que no dista mucho de los antiguos colonos. El centro de Jo’burg concretamente, construido como una ciudad occidental más, hoy en día es territorio de las masas negras (tanto de clase media que va a trabajar, como de gente más humilde que trata de ganarse la vida), mientras que en un pasado reciente, solía ser el lugar de encuentro de la gente blanca que vivía al estilo occidental en una ciudad que en poco se diferencia de las partes más nuevas y céntricas de New York, Sidney o Londres.

Jo'burg

Jo’burg

Mandela y muchos otros dieron un gran paso en la historia del país, pero hoy en día ese avance no es ni mucho menos definitivo. Las heridas de la época del Apartheid aun están por cerrar y la multiculturalidad que el gobierno trata de vender –la nación del arcoíris- no es del todo cierta. Es verdad que Sudáfrica es un país constituido por personas provenientes de muchos lugares del mundo (indios y de más asiáticos, blancos de ascendencia holandesa –afrikaans- e inglesa principalmente, mestizos, y negros de distintas etnias –zulú, xhosa, tsonga, tsuana, sotho, etc- tanto de la zona como venidos de los países que rodean Sudáfrica), pero la verdadera multiculturalidad está muy lejos de conseguirse. Sucede algo parecido al mito del melting pot de Estados Unidos. Una postura adoptada por las élites, que difícilmente se traslada a las calles.

Además hoy en día el Congreso Nacional Africano (ANC en sus siglas en inglés), dista mucho de representar la realidad actual del país. Ellos lideraron la resistencia y la liberación del Apartheid, pero hoy en día, como en muchos sitios del resto de África, son una elite acomodada más que vive de los logros del pasado. La sombra de Mandela es alargada, pero no es suficiente para contentar a los “born free”, es decir a los nacidos y crecidos después del final del Apartheid, muchos de los cuales ya están en edad de votar y decidir. Los grandes ghettos siguen extendiéndose por los alrededores de las grandes ciudades, creando constantes contrastes entre pobreza y riqueza desmesurada. Así pues el lograr una cierta homogeneidad social y el acabar con los resquemores de la historia, aun constituyen importantes desafíos para los sudafricanos.

En esos cuatro días que pasamos en el barrio de Florida, nos preparamos para viajar en autocar hasta Maputo. Así pues estuvimos en la concurrida Park Station en el céntrico barrio de Braamfontein cerca de Newtown, por donde paseamos y comimos en lo que es el centro neurálgico de Jo’burg, aun un poco bloqueados por todo lo que estábamos catando, que de momento no era mucho pero si lo suficiente para llevarnos una buena impresión de occidentales recién llegados a uno de las urbes más grandes de África.

Un viaje en lo que en Mozambique se conoce como Xapa (taxi-furgoneta donde caben unas 10 personas, muy común en toda África negra), de vuelta a nuestro barrio, fue clave para observar el ala oeste de la ciudad, pasando por multitud de barrios humildes -Brixton, Auckland Park, Coronationville- donde la gente vivía su día a día, así como para conocer a la gente que ese día hacia el mismo recorrido que nosotros. Un nigeriano que era sacerdote en Soweto, un hermano mozambiqueño que nos vino a buscar al aeropuerto O.R. Tambo; Thomas y Anthony, que nos alojaron en su casa de Florida y con los que compartimos entrañables cenas y conversaciones, y a los que esperamos volver a ver a nuestra vuelta; el humilde David, que nos acercó al centro más de una vez y a Park Station el día de nuestra partida a Mozambique…Todos ellos fueron parte de nuestra experiencia en Sudáfrica y en general de nuestra estancia en África, por muy efímeros que fueran los encuentros. Para nosotros, fueron momentos muy especiales.

El sabor de boca saliendo de Jo’burg en dirección a la frontera con Mozambique, era bastante agridulce. Muy buenos momentos, muy buena gente, pero la sensación de estar en un país difícil aunque muy prometedor. La lectura de Disgrace de Coetze acompañó la experiencia, aumentando la sensación de profundidad de la misma. Una obra imprescindible para quien quiera adentrarse en la realidad sudafricana, de mano de un autor blanco.

Ahora sí, estábamos cerca de nuestro destino final. Las secas praderas de la provincia de Gauteng y Mpumalanga, pasando por Nelspruit, la capital de ésta última, ya nos avanzaban la llegada a Mozambique…Algo nos hacía pensar que lo que allí nos esperaba, era menos áspero quizá…

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