La Educación en Mozambique: Fases y retos (II)

Como en el apartado anterior ya he expuesto -aunque sea superficialmente- los rasgos generales de la educación africana precolonial, ahora me centraré en analizar el caso concreto de la educación en la zona que hoy en día es Mozambique. Por lo tanto cronológicamente empezaré el relato a partir del contacto con los portugueses, y más especialmente a partir de cundo Portugal establece su gobierno colonial (finales s.XIX, principios del XX), hasta hoy en día.

 

El primer indicio de elementos educativos occidentales en la zona que estudiamos, data de principios del siglo XVII, y están ligados a la presencia de misioneros católicos. Esta introducción, por entonces, es muy mínima comparado con lo que tiene que venir luego durante el colonialismo. Tan solo se reducía a algunas misiones donde se “asimilaban” algunos notables y que a la vez servían como base hacia la colonia portuguesa de Goa, en India.

Pero no sería hasta después de la Conferencia de Berlín (finales s.XIX), cuando Portugal empezaría a constituir un sistema educativo encarado únicamente a servir a los intereses de la metrópoli. Las primeras escuelas para “indígenas” son establecidas a manos de los misioneros católicos y protestantes; concretamente en  las de los últimos, se enseñaba en las lenguas locales, ya que normalmente no eran portugueses y por eso se expresaban mejor en inglés o intentando acercarse a las lenguas locales, no como en los centros católicos, donde se enseñaba en portugués, que era la lengua de la metrópoli (Aguadero, 2009: 6).

Pronto el nivel de intromisión de Portugal en Mozambique fue incrementando en todos los ámbitos, incluido el de la educación. Así, en poco tiempo las escuelas proliferaron y la administración colonial empezó a relevar (no anular) las funciones educativas que estaban llevando a cabo las misiones. Cuando Lourenço Marques fue instaurada como capital de la colonia, el control sobre las nacientes escuelas aumentó considerablemente. A medida que se consolidaba la estructura educativa, la función que la educación debía jugar cada vez estaba más clara: desarrollar el sistema económico colonial y la configuración de la conciencia nacional portuguesa.

He aquí un fragmento de un texto de uno de los ideólogos más conocidos, del primer colonialismo portugués, Antonio Enes. El texto habla por si solo:

“El trabajo es la misión más moralizadora, la escuela la más instructiva, la autoridad la más disciplinadora, la conquista la menos expuesta a revueltas, el ejército el que puede ocupar las regiones inaccesibles, la policía la única que ha de reprimir la esclavitud, la religión la que combatirá al Islam, la educación la que conseguirá convertir a los brutos en hombres (Enes, 1971: 75)”. [1]

António Enes, 1848-1901, reconocido administrador colonial portugués, en Mozambique.

António Enes, 1848-1901, reconocido administrador colonial portugués, en Mozambique.

El golpe de estado de 1926 en Portugal, desencadenó una de las dictaduras más largas acaecidas en Europa occidental. Casi cincuenta años de Salazarismo, hasta 1974, cuando la Revolución de los claveles pone fin al régimen dictatorial. Estos cambios en la metrópoli, obviamente repercutirán en el devenir de las políticas coloniales, y en concreto las concernientes a la educación. Después de limitar las misiones no portuguesas, fueran católicas o protestantes mayormente, las misiones católicas nacionales se convirtieron en la herramienta perfecta para los administradores coloniales para nacionalizar y civilizar a la gran masa, es decir a los “no asimilados”.

La política racista del Estado Novo se reforzó en 1930 con el Acta Colonial de 1930, la cual contribuía a reforzar la segregación racial a la vez que instauraba legalmente el trabajo obligatorio. Esa segregación se hacía patente en la división de la sociedad primero en dos grandes grupos: los blancos y asimilados y los indígenas o no asimilados. Luego, existían distintos grados de asimilación, como los evolucionados o civilizados, los mestizos, los negros en vías de aculturación, los simplemente destribalizados y los subdesarrollados. Esta perniciosa jerarquía implantada por el Estado Novo  respondía a la base ideológica que se pretendía imponer mediante la educación colonial (Aguadero, 2009: 8).

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Esta discriminación, en referencia a la educación, se reflejó en la consolidación al fin y al cabo de dos sistemas de enseñanza paralelos. Uno oficial para los “primeros” y otro, el rudimentar, destinado a “civilizar” a los indígenas, el cual dependía casi en su totalidad de la Iglesia Católica. Obviamente el carácter decididamente segregacionista del sistema educativo, así como la imposición de unos métodos pedagógicos que no tenían en cuenta la realidad cultural del alumnado y la falta de presupuesto acabaron condenando al fracaso de la educación rudimentar. En cuanto a la enseñanza para blancos, el sistema seguido en la colonia, era casi calcado al del Estado Novo portugués.

A finales de la década de los cincuenta, el sistema educativo portugués en Mozambique hacía aguas por todos lados. El sistema rudimentar a penas absorbía un cuarto de la población indígena, y la educación teóricamente superior y racial, apenas abastecía de mano de obra a la colonia. Y para más inri el pretendido nacionalismo portugués que se tenía que implantar en los pueblos sometidos, no cuajaba para nada, más allá de una muy mínima élite, totalmente occidentalizada. Además en el continente ya empezaban a soplar aires de libertad y de independencia en referencia a los gobiernos coloniales, con lo cual, las metrópolis se verían obligadas a ceder en algunos ámbitos como la educación, con la única intención de retener lo que ya empezaba a ser insostenible por muchas mejoras forzadas de última hora que se quisieran tirar adelante.

En los momentos previos a la independencia (1974-75), cuando ya estaba a punto de acabar la guerra colonial, la red escolar extendida por el territorio del futuro estado de Mozambique era de lo más asimétrica y raquítica gracias a los horrores de la guerra de descolonización. En gran parte de las zonas rurales (centro y norte sobre todo) la presencia de la educación portuguesa brillaba por su ausencia, mientras que en la capital se concentraba los mayores índices de escolaridad (en comparación). La falta de financiación, acompañado de un mínimo interés por la preparación del profesorado local y las carencias de todo tipo en las infraestructuras, así como el componente asimilador de la educación colonial portuguesa, acabaron siendo losas insoportables para la metrópoli a principios de los sesenta.

Esta fue la herencia educativa que el endeble y nuevo estado de Mozambique recibió de Portugal.

Con el final del colonialismo, empezaba una nueva época para la educación en Mozambique. Nada era demasiado fácil. Mozambique como el resto de colonias portuguesas, sufriría primero una guerra de descolonización y casi de empalmada, una guerra civil entre el FRELIMO y la RENAMO, la cual duraría hasta 1992. Así pues, no era éste un buen contexto para el desarrollo de una educación coherente y más en relación con la realidad que allí se vivía.

El régimen del FRELIMO lo conformaron una élite asimilada y occidentalizada que, dado a la radicalización de la descolonización de Portugal, rápidamente se decantaría hacía posturas socialistas, próximas a la órbita soviética. Así pues ahora la educación debía contribuir a la destrucción de la “mentalidad vieja” y a la formación de una nueva manera de pensar. Se dejaba atrás el colonialismo, pero también se condenaba la tradición y con ello la religión y el mundo espiritual. Ahora lo moderno era crear una nueva conciencia nacional que condenara el colonialismo y el imperialismo, y también los aspectos culturales propios, con tal de llegar a conformar, lo que los ideólogos del sistema habían conceptualizado como el Homo Novo. Así, esa élite occidentalizada hasta la médula, minimizó y menospreció la etnia, como también lo hicieron los colonialistas en pos de la creación de un nacionalismo portugués, que finalmente no caló, como tampoco calaría el nuevo nacionalismo. A pesar del odio hacia la madre patria y su cultura, la nueva ideología y nacionalismo, se expresarían en portugués, en detrimento -como con las etnias- de las lenguas locales.

Con la independencia, en 1975, una de las medidas que toma el FRELIMO es la estatalización de toda la infraestructura económica y social del país, lo cual incluía el sistema educativo. Dicha medida, aunque con falta de recursos y partiendo de una realidad bastante complicada, provocó un aumento considerable de la red escolar y de los asistentes a ésta. La deriva de partido único que estaba tomando el FRELIMO, lo llevó a centralizar y controlar al máximo el sistema educativo, mediante el nuevo Ministerio de Educación. Este control férreo de las políticas educativas, tenían que ver con la voluntad de controlar hasta el último detalle de los contenidos ideológicos que se transmitían mediante las asignaturas. Otro punto de interés del gobierno en cuanto a políticas educativas, era el de impulsar sucesivas campañas de alfabetización y programas educación para los adultos (Aguadero, 2009: 14).

Poco a poco el FRELIMO se fue burocratizando a la vez que se alejaba de los problemas reales del pueblo. El autoritarismo y la occidentalización de la cúpula de gobierno y su entorno, recordaba a las viejas estructuras coloniales. Como en muchos otros países africanos, se fue creando con el tiempo una burguesía nacional viciada que era la que tenía el control del estado. De este contexto, surgiría en 1983 el Sistema Nacional de Educación (SNE), pretendidamente aperturista y liberalizador pese a que sus resultado -según comenta Ramón Aguadero- pusieran de manifiesto la inadecuación del nuevo sistema. Mientras tanto la guerra civil desangraba el país e impedía la estabilidad necesaria para la consolidación de un sistema educativo basado en el consenso y adecuado a las necesidades del joven y perjudicado país.

Escuela rural en Mozambique

Escuela rural en Mozambique

En 1992, después de muchos años de desgaste y tras largas y complejas negociaciones de paz (La Paz de Roma), ambas facciones -FRELIMO y RENAMO- decidieron dejar las armas y aceptar la creación de un sistema democrático multipartidista dentro del marco de la economía de mercado capitalista y globalizada. Este paso, al menos traería una cierta estabilidad y paz para así poder empezar a pensar en un futuro más esperanzador y con opciones de revertir la desastrosa situación que se vivía durante la guerra y aun para entonces (1992).

Pero aunque la entrada en el mundo capitalista globalizado mejoraría las estadísticas macroeconómicas del país, tal cambio no contribuyó a aliviar los problemas del pueblo raso, de los más pobres. De hecho, la llegada del capitalismo aumentó más si cabe la brecha que ya existía antes entre pobres (la mayoría) y ricos (la minoría).

Una nueva Ley de Educación (1992), desbalija el sistema educativo anterior. Se acaban las referencias al marxismo, se introduce la idea de propiedad privada y se lucha por garantizar la educación primaria. Ahora bien, la educación secundaria sigue reducida a las élites, ahora ya no raciales ni políticas, sino más bien económicas, pues las escuelas de secundaria solían ser centros financiados por la iniciativa privada y por tanto bastante menos asequibles para quien no disponía de medios económicos, es decir, la mayoría. Un detalle favorable, es la pretensión de no utilización del portugués como herramienta de unidad nacional, ya que en los niveles de educación primaria se facilitaba la enseñanza de las lenguas locales. Más adelante mediante otros impulsos de políticas educativas, se pretende expandir la red escolar y la mejora de la calidad de la enseñanza. Pero pese a tales intentos, el sistema educativo en Mozambique seguía siendo precario, sin una dirección y consenso definidos y con muy pocos medios para cambiar la situación. Las consecuencias de la historia pasaban factura al joven país, como casi en el resto del continente.

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Universidad Eduardo Mondlane en Maputo, capital de Mozambique.

Después de la primera década des de la firma de la paz y hasta nuestros días aproximadamente, se ha podido prosperar en algunos aspectos, como por ejemplo en la paridad de género y la mejora de la calidad de la enseñanza, que poco a poco pretende irse adecuando cada vez más a la realidad del país y del continente, desligándose así de la herencia colonial y del gobierno comunista y occidentalizado del FRELIMO, los cuales usaron la educación (en la mayoría de los casos) para sus propios intereses y no para el bien real del pueblo. Más difícil ha sido paliar las desigualdades territoriales de la red escolar, así como superar la dependencia económica del país, para así poder invertir más y mejor en educación. En cuanto a los retos que afronta la educación en Mozambique, cabe destacar la necesidad de seguir adecuando a la realidad del país y del continente, los contenidos y las formas de la educación. Apreciar la herencia de la educación tradicional africana y compaginarla y hacerla compatible con la parte buena de la herencia y tendencias de la educación occidental, hoy en día universal. Como bien destaca John K. Marah, realzar las virtudes y establecer los objetivos y retos del sistema educativo africano, es de crucial importancia para el futuro del continente. Así como potenciar el sentido Pan africanista de la educación en los países africanos, con tal de reconstruir y fortalecer la economía, la política, la cultura y la integración del continente africano (2006: 22).

En la línea del panafricanismo, el emperador de Etiopía, Haile Selassie, en 1963 proclamaba al resto de líderes africanos la necesidad de implicarse para la consolidación del ámbito educativo y cultural, con tal de elevar el nivel de alfabetización y para proporcionar técnicos capacitados que ayudaran a dinamizar un desarrollo endógeno, así como para conocerse mejor entre los distintos países y culturas africanas, fomentando así a la unidad africana (Marah, 2006: 22). De ese afrocentrismo necesario y de los formatos -cada vez más neutrales y menos etnocéntricos- de la educación occidental, en un futuro debe consolidarse tanto en Mozambique como a nivel continental, una educación digna, lo más despolitizada posible y des-oligarquizada, africana y centrada en los de abajo, los más pobres. Para ello habrá que priorizar el establecimiento de una educación primaria integral; tratar de no discriminar ni territorialmente, ni por razones de género, ni de clase. Potenciar también la alfabetización y en general la educación de adultos, así como el uso de las lenguas locales. En definitiva, ir mejorando progresivamente la calidad de la educación en todos los ámbitos posibles.

 

Para más información sobre Mozambique (historia, geografía, colonialismo, construcción del Estado, etc.), aquí otras entradas del blog.

 

BIBLIOGRAFIA

ACHEBE, Ch. (original: 1958; reedició: 2011). Todo se desmorona. Debolsillo. Madrid.

AGUADERO, R. (2009) Educar en Mozambique. Una mirada desde los últimos. CUADERNOS. Vol. XXIII. n-6.

ELLIS, S. y ter HAAR, G. (2005) Mundos de poder. Pensamiento religioso y práctica política en África. Biblioteca de Estudios Africanos. Bellaterra, Barcelona.

INIESTA, F. (2007) Kuma. Historia del África Negra. Biblioteca de Estudios Africanos. Bellaterra, Barcelona.

MARAH, J.K. (2006) The Virtues and Challenges in Traditional African Education. Departament of African and Afro-American Studies, State University of New York, Brockport.

LAYE, C. (original: 1954; reedició: 1976) L’Enfant noir. Editions Pocket. Paris.

RODNEY, W. (original: 1972; reedició: 1982) De cómo europa subdesarrolló a África. Siglo XXI, México.

 

 

[1] Fragmento extraído del artículo de Aguadero, 2009: 7

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