Educación occidental en Àfrica negra: desarrollo del subdesarrollo (I)

En este escrito se reflexiona acerca de la educación en África. El texto está dividido en dos apartados. En el primero se pretender luchar contra la concepción única de “educación universal”, entendida solo bajo parámetros occidentales. Así pues se hace una introducción a la educación tradicional africana con tal de evidenciar esa diferencia respecto a la educación occidental. También se relaciona esa educación pretendidamente universal con sus raíces coloniales. Pues, como veremos, los primeros sistemas educativos que Occidente quiso implantar en África, tan solo iban encaminados a fomentar el subdesarrollo de las sociedades africanas.

En el segundo apartado (el cual irá en la siguiente entrada), centramos el zoom en el caso particular de Mozambique. Así pues, se estudian las distintas fases por las que pasa la educación en Mozambique des de que éste territorio entra en contacto con Portugal, hasta hoy en día, pasando por los gobiernos coloniales, revolucionarios y los actuales. En esta segunda entrega colgaré la bibliografía consultado para ambas partes.

Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU. 8 propósitos fijados en el año 2000, que la ONU acordó conseguir para el año 2015...

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La educación es una herramienta básica para cualquier sociedad, ya que permite formar y socializar a las nuevas generaciones. Sin embargo puede ser también una espada de doble filo que puede utilizarse para conseguir el bien común de la sociedad, o solo en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría. Incluso dependiendo de las circunstancias, la educación puede llegar a ser el motor principal de posibles cambios sociales encaminados a mejorar las condiciones de la mayoría. Quizá resulte obvio, pero cabe destacar  que la educación debiera originarse siempre a partir del medio y de las condiciones en que se encuentra una sociedad, por lo cual los procesos de aprendizaje se vincularán siempre directamente con los sistemas de trabajo de cada sociedad. Importante resaltar también que gran parte de la educación es informal, ya que va siendo adquirida por las nuevas generaciones a partir de los ejemplos y las conductas de sus mayores (Rodney, 1982: 286).

Así pues, la educación como proceso formativo, obviamente es universal, ya que como veníamos apuntando, toda sociedad educa a sus nuevas generaciones. Ahora bien, tanto los contenidos, como las formas y modos de llevar a cabo la educación, pueden ser muy diferentes entre distintas sociedades. Por tanto, lo que no debiera ser “universalizable”, como única forma de educar, es el modo en que Occidente a concebido la educación.

Pasa como con la medicina o con los sistemas político-sociales. África y sus sociedades, como las del resto del mundo, han desarrollado sus propios sistemas de salud, política, sociedad, educación, religión, etc. Así como lo ha hecho también Occidente. El caso, es que la evolución histórica de Europa, la ha llevado a la explosión hacia el mundo y la consecuente globalización favorable a sus intereses. De esta forma, los sistemas educativos, de salud, políticos, económicos y religiosos de Occidente, se han ido convirtiendo en universales (no sin resistencias). Y si no, pensemos en el capitalismo, el cristianismo, la educación que promueven las organizaciones internacionales (UNESCO), o las políticas de salud que emanan de la OMS.

Uno de los aspectos de la educación occidental que se ha universalizado como si todo el mundo lo concibiera así, es el modo de transmisión de los conocimientos a partir del papel y por tanto de la palabra escrita. No es que no sea una buena forma, la cual por tanto se pueda exportar y ofrecer como complemento a las sociedades que lo quieran, pero no es la única ni la mejor. Históricamente, en África negra la transmisión del conocimiento habitualmente se ha hecho de forma oral, de manera que sucesivas generaciones han crecido y se han formado a partir de la transmisión oral de los conocimientos relativos a la cosmovisión del mundo, sobre las costumbres y las enseñanzas prácticas de la vida cotidiana, a la cual se sumaban los rituales de iniciación promovidos y regulados por la comunidad (Aguadero, 2009: 6).

En el caso de África oriental y en el norte del actual Mozambique, cabe destacar la importancia de la zona como frontera de intercambio cultural, religioso y económico. El Bilad es Zanj, o el país de los negros, es la grafía con la que los mercaderes musulmanes conocían la rica costa oriental africana, donde progresivamente se fue formando la civilización swahili, es decir, la gente de la costa, la que poco a poco fue entrando en la órbita del Islam (Iniesta, 2007: 92). En las comunidades swahilis de la costa, proliferaron las escuelas coránicas que ayudaron a extender por la zona costera y también hacia el interior la cultura y lengua musulmana. Un proceso de islamización mediante el comercio y no forzada, parecido al que sucedió en el Bilad el Sudan, la otra frontera cultural de gran importancia durante la época clásica africana (s.VIII-XV).

En el caso de Mozambique y como en el resto de territorios colonizados por los europeos, se concibieron las sociedades africanas como atrasadas y salvajes, es decir, por civilizar. ¿Y qué mejor herramienta de civilización que la educación occidental? Así pues el sistema educativo actual, a pesar de las modificaciones hechas en el sentido de adecuarse mejor a la realidad de cada lugar, sigue siendo de herencia occidental, y concretamente en Mozambique, de herencia portuguesa, tal y como destaca Ramón Aguadero en su artículo Educar en Mozambique, una mirada des de los últimos (2009: 6).

La educación africana precolonial no era ni mucho menos perfecta, ni la mejor, simplemente era la original, la perteneciente a los africanos y por tanto adecuada a las realidades de cada lugar, cosa que no se puede decir del modelo educativo que llegaría con el colonialismo occidental. Des de Occidente y a causa de la incapacidad por superar los parámetros culturales propios, se ha tendido a pensar la educación africana como un sistema totalmente informal debido a su falta de compartimentación cartesiana y concentración bajo los muros de lo que conocemos por escuela. La educación africana ha sido más holista, más global en cuanto a la transmisión de conocimientos y menos centrada en la división de disciplinas (Marah, 2006:15).

La educación africana previa a la llegada de los europeos, como la de cualquier otra sociedad, trataba de preparar a los individuos para las responsabilidades que se les plantearían como adultos, en relación con los ámbitos familiares y de grupo. Pese a sus deficiencias, también como cualquier otra sociedad, la educación tradicional africana tenia aspectos sobresalientes, de los cuales bien haríamos des de otras culturas si aprendiéramos de ello como muchas culturas han aprendido de nuestros hábitos educativos. Sin esa cooperación e intercambio de valores real, por muchos objetivos del milenio que se planteen des de una tutela claramente occidental, podemos seguir hablando hoy en día de (neo) colonialismo. Lo mismo pasa con el desarrollo, la política, la economía, la filosofía, etc.

Ritual tradicional de iniciación malinké (uno de los grupos culturales más grandes de África occidental). El ritual de iniciación suele ser un símbolo del paso de la niñez a la edad adulta. La franja de edad varía dependiendo de cada pueblo, en este caso es entre los 12 y los 16 años.

Ritual tradicional de iniciación malinké (uno de los grupos culturales más grandes de África occidental). El ritual de iniciación suele ser un símbolo del paso de la niñez a la edad adulta. La franja de edad varía dependiendo de cada pueblo, en este caso es entre los 12 y los 16 años.

Algunas de estas características que podrían ser exportables, serían por ejemplo, el estrecho vínculo de la educación con la vida social tanto des de un punto de vista material, como espiritual. También su carácter colectivo y multifacético, pero entendido como decíamos antes des de una perspectiva holista, es decir no fragmentadora. No existe división entre la educación teórica y productiva, entre la manual y la intelectual, o entre la social y la espiritual o religiosa, porque la esfera religiosa en África negra no está separada del funcionamiento social y político (Ellis, ter Haar; 2005). Sea como sea, lo que está claro es que la educación precolonial africana, era totalmente consecuente con las sociedades precoloniales, ya que se encargaba de desarrollar personas bien capacitadas para integrarse en los mecanismos que dan vida a la sociedad (Rodney, 1982: 287).

Como decíamos, ningún modelo es el perfecto, sino que se trata de ir comparando, intercambiando y creciendo en pos de una educación universal, pero sin imposiciones ni etnocentrismos. Tal como puede pasar por ejemplo con temas de género: se puede trabajar por un movimiento en defensa de las mujeres a nivel internacional y de una fraternidad de género independientemente de las diferencias culturales,  pero para tal cosa ese movimiento tendrá que ser heterogéneo, y unitario en tanto en cuanto se respeten las distintas formas de ser mujer y las especificidades culturales de cada lugar. Si no, si se defiende un feminismo a la occidental universalizado, tratando de inferiores o de incapaces e inmaduras a las mujeres de otras culturas por profesar unos roles de género distintos a los configuran la categoría de mujer en Occidente, entonces volvemos a caer en el error de pretender irradiar a nivel universal, valores etnocéntricos, en vez de trabajar por una verdadera (y no fingida y superficial) multilateralidad e integración.

Como todo sistema, a la educación africana también se le han achacado debilidades y carencias. Des de ciertos ámbitos académicos europeos, se ha dicho que la educación africana es una educación tribal, y por tanto limitada e incapaz de generar grandes individualidades (científicos, militares, pensadores, artistas) , así como cambios sociales. Según estos análisis pues, en la educación africana tradicional se promueven la conformidad y rara vez la individualidad y la singularidad. En este sentido, des de una perspectiva occidental, se interpreta esa falta de individualismo como una falta de libertad básica y de atraso en términos de civilización, que impide la diferenciación del grupo. Por eso las primeras escuelas de las misiones cristianas que llegaron con la colonización fueron el refugio perfecto para aquellos que querían destacar y diferenciarse del grupo (Achebe, 1958). Más tarde, en la misma línea, las escuelas públicas francesas se convirtieron en lugares donde adquirir títulos académicos, prestigio social, ropaje a la occidental, poder económico y político en las estructuras coloniales, y con ello, coches, casas, y un sinfín de supuestos privilegios individuales (Laye, 1954) (Marah, 2006:21).

En África como ya avanzábamos anteriormente, la mayoría de la educación se llevaba a cabo de forma oral, aunque como ya hemos señalado, no siempre fue así. Los sistemas educativos más avanzados en cuanto al desarrollo de la escritura, se dieron en las zonas del Sahel sudanés y en la costa oriental africana, donde algunas elites adquirieron una educación letrada en relación con las grandes religiones, principalmente el Islam. Así pues la educación letrada en las zonas de contacto con el Islam estaba ligada al estudio del Corán, así como la educación en la Etiopía cristiana estuvo ligada con el conocimiento de la religión cristiana y la formación de sacerdotes y monjes. Esta educación ligada a las grandes religiones, era transversal en cuanto a edades, es decir, iba des de niveles primarios hasta niveles universitarios. Buena prueba de ello, son el surgimiento de centros de conocimiento previos a la llegada colonial, tales como las universidades de Fez y Al-Azhar en Marruecos, o la de Tombuctú en el imperio de Mali (Rodney, 1982:288).

Teniendo en cuenta lo dicho hasta ahora, queda claro que la educación en África no fue introducida por Occidente en el momento de la colonización. Lo que si se introdujo durante la etapa colonial, fueron instituciones de educación formal extrañas para el continente africano y con la voluntad de anular las posibles estructuras educativas previas. El objetivo principal del sistema educativo colonial era el de capacitar a los africanos para que en un futuro se pudieran insertar en los puestos más bajos del sistema político social que se pretendía instaurar para el beneficio de las metrópolis, así como para ser perfectos peones de las compañías capitalistas que operaban en las colonias. Lo que se traduce en que la educación occidental por aquel entonces lo único que buscaba era asimilar, es decir, “occidentalizar” a algunos africanos para que participaran de la dominación, expoliación y explotación de su propio continente. No era para nada un sistema surgido de un contexto africano, ni tenía como objetivo promover la buena utilización de los recursos materiales y humanos de África. Tampoco pretendía respetar y valorar la historia africana, más bien lo contrario, con lo que contribuiría a que las nuevas generaciones salidas del sistema educativo colonial no sintieran un especial orgullo de pertenecer a las sociedades africanas, las cuales eran consideradas inferiores en todos los sentidos.

La educación en Europa, pese a tener muchas cosas buenas, no era un sistema adecuado totalmente a las realidades de cada lugar y que surgiera de abajo a arriba para así adecuarse bien a las necesidades de la mayoría. Normalmente e incluso hoy en día, la configuración de las políticas de educación está en manos de las oligarquías. En épocas de la revolución industrial y del colonialismo, esta tendencia aun era más exagerada, por lo que cuando se quiso trasplantar el modelo educativo occidental a África, ese error también se traspasó. Así pues esas jerarquías de raza, de etnia y de clase, típicas del capitalismo occidental, poco a poco se fueron insertando en las políticas educativas coloniales.

El hecho de trasplantar de forma tan descarada y sin apenas modificaciones, la educación occidental del momento a África, provocó un sinfín de situaciones totalmente absurdas, que más allá de la caricatura, con el tiempo lo que consiguieron fue crear una clase de bufones asimilados, adoradores del modo de vida de las elites capitalistas europeas a la vez que menospreciaban su valiosísima herencia cultural. Y es que por ejemplo en una escuela de una colonia francesa, los niños y niñas aprendían cosas como: “Los galos, nuestros antepasados, tenían los ojos azules” o “Napoleón fue nuestro más grande general”  (Rodney, 1982:296). Queda claro pues que la escuela colonial se empeñó en educar para la subordinación y por tanto, fomentó el desarrollo del subdesarrollo.

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