Choque entre Tradición y Modernidad en África a partir de la lectura de “Todo se desmorona” de Chinua Achebe (II)

El debate acerca del choque entre la tradición (africana) y la modernidad (occidental), es una temática más que recurrente cuando se habla de África hoy en día. Aunque como ya se ha dejado entrever, no es algo reciente, pese a que en la actualidad el choque se siga manifestando con la misma intensidad que hace quinientos años. Las raíces de ese choque, se encuentran ya a principios de la época moderna occidental, cuando las potencias europeas empiezan a fijarse en África para tratar de incluirla en el entonces incipiente sistema-mundo.

El papel del continente negro en ese momento fue el de abastecer de mano de obra esclava a los occidentales interesados en establecer el famoso comercio triangular (Europa-África-América y Caribe). Ese fue su papel, porqué la invasión directa, más allá de sus costas, resultó del todo imposible, a diferencia de lo que había pasado en América. África no se dejó colonizar tan rápido, hicieron falta cuatro siglos de desangre, para finalmente poder acceder al dominio total del continente, obviamente, no sin resistencia, y consiguiendo un dominio político, un barniz que no borraría para nada la fuerte tradición africana.

Caricatura del colonialismo en África

Caricatura del colonialismo en África

Los sistemas políticos africanos, fuesen jefaturas clánicas o monarquías sagradas más o menos estatizadas, tenían en común la poca productividad, al menos en términos de súper excedencia acumulable por el poder. Eso es lo que explica la débil acumulación por parte de los dirigentes, y seguramente la escasa innovación tecnológica (si lo comparamos con Occidente). Por el contrario, en Europa primero y luego en Estados Unidos de América, esa acumulación de excedentes por parte de las elites sociales, es posiblemente lo que facilitó el incremento productivo en diversos ámbitos (Revolución Industrial) y la consecuente expansión hacia el exterior, en posición de superioridad técnica.

Considerar esas características de los sistemas africanos -llamados tradicionales- como incapacidad político-económica de los africanos, sería del todo un error. Pues esa incapacidad, sería al fin y al cabo la que acabaría justificando la acción colonial y postcolonial como un mal necesario en beneficio del progreso humano.[1]

Así pues, yo no hablaría tanto de choque, sino más bien de adaptación y asimilación por parte de los africanos, des de hace ya más de quinientos años, al modelo que se le viene imponiendo. Y es que esa asimilación, ya forma parte de la manera de ser de los africanos, siempre nadando entre varios sistemas y modelos, sin tratar de homogeneizar, ni confrontar opciones. El choque, la invasión forzada, y la falta de sabiduría en cuanto a la convivencia de diversos sistemas (sociales, políticos y religiosos), ha sido des de siempre el modo de hacer de las potencias occidentales. Las cuales en vez de respetar y entender la diferencia, se han dedicado a imponer su particular cosmovisión, no solo a los africanos, sino también al resto del mundo.

La globalización iniciada por el moderno Occidente en el siglo XV, ha tenido diversas fases de aceleración, tal y como señala Iniesta (2007: 11). La última, sin duda, ha sido la del “desarrollo”, presente desde la descolonización y defendida tanto por el bando liberal como por el del bloque soviético. Una vez caído el muro de Berlín, y desplomada la Unión Soviética,  el discurso dio preponderancia a los derechos humanos “universales” y a la instauración en todo el mundo de la democracia de partidos. Esa fue la condiciónque el opulento norte impuso al sur periférico para que la ayuda y la cooperación fluyeran sin problema.

Des del siglo XV y hasta hoy en día, Occidente siempre ha querido implantar en África la llamada modernidad. Concepto que va asociado al de civilización y al de globalización. Una globalización por eso, a tenor del que la impone, tendente a la homogeneización y por tanto a suprimir todo atisbo de diversidad. Y eso es precisamente lo que propone la tradición africana. Diversidad, y un modelo de funcionamiento distinto, basado en la no maximización y por eso mucho más acorde con el mundo en que vivimos, el cual es finito.

Igbo

Igbo

Se trata de aceptar que bajo el modelo occidental más agresivo, el desarrollo sostenible es inviable y que por tanto, es necesario fijarse y aprender de otros sistemas mucho más acordes con el universo. Sistemas que estén basados en la harmonía con la naturaleza, y que no consistan únicamente en la exterminación progresiva de ésta y el intento de dominio del ecosistema. El problema es que a Occidente se le subió el racionalismo a la cabeza durante la Ilustración y des de entonces no se ha relajado ni tan solo un poco. La desacralización del universo, parece tener ventajas materiales a corto plazo, pero no anuncia buenos tiempos de futuro. El mantener un respeto por el entorno, y el no querer crecer siempre por defecto, son características que Occidente debiera aprender, por ejemplo de los pueblos africanos, a los cuales aun hoy siguen ahogando, por mucho que los métodos no sean ya tan evidentes.

La soberbia ha sido tal, que hoy en día para muchos parece ser que existen términos e ideas, universales: democracia, partidos políticos, estado-nación, izquierdas o derechas, libertad individual, derechos humanos, laicismo, etc. Eso sucede por el extremo etnocentrismo que se ha ido consolidando a lo largo de siglos, el cual nos hace pensar que conceptos como los anteriormente citados, deben ser de alcance mundial. Y que todo lo que pueda ir en contra de ello, es malo, atrasado o inferior. Como por ejemplo los sistemas tradicionales africanos, tales como las jefaturas clánicas, las monarquías divinas, la religión en política, etc. Simplemente el caldo de cultivo ha sido otro, pero totalmente adecuado a la realidad en que se han desarrollado dichos sistemas. Y hasta que no se entienda y se aprecie esa diversidad, y por contra, se siga tratando de imponer la modernidad a la occidental, todo proyecto de “desarrollo” centrado en inculcar ese modelo exógeno, fracasará indefinidamente (Iniesta, 2007).

Chabal y Daloz (2001: 176), alertan de que seguramente para la mayoría de los africanos, el “desarrollo” no sea una prioridad. De hecho, África es muy posible que se esté moviendo en otra dirección distinta a la propuesta (e impuesta) por Occidente. Se trata de un desarrollo endógeno, que parte de la esencia y genio del propio continente y que trata de dar continuidad a la civilización africana, tan distinta de la occidental.

Es en esta posición de igual a igual, que se debe dar la relación entre Occidente y África. Nunca tratando de atrasado al otro, porque tal comportamiento, no hace más que confirmar la soberbia occidental a la que antes hacíamos referencia. Además, retrasado respecto a qué ¿que quizá hay algún pueblo elegido para liderar este mundo? Y si así lo fuera, este debería estar en total consonancia con la naturaleza y el universo, y nunca dándoles la espalda y mucho menos creyéndose en dominio de lo natural.

Con ese afán destructor y homogeneizador, y con esos aires de superioridad, se presentó el colonialismo en África. Obviamente que hubieron casos personales, menos revestidos por la agresividad y el no respeto, pero eso fueron excepciones. La regla, fue siempre la imposición y el desprestigio hacia el colonizado, su explotación para crear así dependencia y entonces hablar de subdesarrollo, para unas generaciones más tarde presentarse como salvadores en forma de cooperantes.

En Umuofia y en general en “Igbolandia”, el choque fue más que contundente. El territorio Igbo está en la zona sur de Nigeria, pero antes de llegar a la costa, de hecho, bastante antes. Al ser zona interior, el contacto con “los blancos” no se dio hasta el ataque colonial. Así pues el impacto fue duro, no progresivo. La tradición igbo se había mantenido intacta hasta entonces, como mucho es posible que hubieran llegado ecos de la trata esclavista, y alguna repercusión indirecta, pero en general y por lo que se desprende de Todo se desmorona, Umuofia, vivía tranquila hasta la llegada de la colonización británica.

Mapa de Nigeria donde se puede ver el territorio aproximado de los Igbo (Igboland)

Mapa de Nigeria donde se puede ver el territorio aproximado de los Igbo (Igboland)

Dos cosmovisiones bien distintas se enfrontaban, y en el encuentro, no reinó la calma, la harmonía y el respeto. Todo se precipitó, y para los habitantes de Igbolandia, todo se desmoronó.

Y es que tal y como dejó escrito Walter Benjamin: “No existe un solo documento de la civilización que no sea al mismo tiempo un testimonio de la barbarie”.[2]

 

 

Bibliografía consultada

-ACHEBE, Chinua. Todo se desmorona. Debolsillo. Madrid, 2011.

-CHABAL, Patrick y DALOZ, Jean-Pascal. África camina. El desorden como instrumento político. Biblioteca de Estudios Africanos. Bellaterra, Barcelona, 2001.

-ELLIS, Stephen y TER HAAR, Gerrie. Mundos de poder. Pensamiento religioso y práctica política en África. Biblioteca de Estudios Africanos. Bellaterra, Barcelona, 2005.

-INIESTA, Ferran. Kuma. Historia del África negra. Biblioteca de Estudios Africanos. Bellaterra, Barcelona, 2007.

-INIESTA, Ferran (ed.). La frontera ambigua. Tradición y democracia en África. Biblioteca de Estudios Africanos. Bellaterra, Barcelona, 2007.

-INIESTA, Ferran y ROCA, Albert (ed.). África en la frontera occidental. Casa África. Madrid, 2002.

-KESTELOOT, Lilyan. Historia de la literatura negroafricana. Una visión panorámica desde la francofonía. El Cobre Ediciones, Colección Casa África. Barcelona, 2009.

-Diccionario de literatura del África subsahariana. Asociación cultural TransLit. Editorial Virus. Barcelona, 2001.

 

Webs consultadas

http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2013/03/chinua-achebe.html

http://www.ted.com/talks/lang/es/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story.html

 

[1] INIESTA, Ferran y ROCA, Albert (ed.). África en la frontera occidental. 2002. p. 13.

[2] SOFÍA, Marta. En: Prólogo de Todo se desmorona (2011). p. 14.

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