Choque entre tradición y modernidad en África a partir de la lectura de “Todo se desmorona” de Chinua Achebe (I)

Hace un año aproximadamente murió Chinua Achebe. A modo de homenaje particular, subo ahora un comentario escrito poco después de su muerte, en el que se analiza su obra más importante -Todo se desmorona (Things fall apart, 1958)-, haciendo hincapié en el choque entre tradición y modernidad en África. El texto lo he dividido en dos partes. En la segunda irá la bibliografía utilizada para la ocasión.
Chinua Achebe

Chinua Achebe

Resulta complicado lanzarse a analizar, debatir o reflexionar sobre una obra de tal magnitud, de la cual se han dicho tantas cosas. Millones de personas la han leído a lo largo y ancho del planeta en más de cuarenta idiomas diferentes. Incontables críticos y escritores han hablado y escrito más que bien de ella, y aun con más intensidad, a partir de la celebración en 2008 del cincuenta aniversario de su publicación. Ha sido estudiada, reseñada y comentada infinidad de veces y des de la muerte de su autor -Chinua Achebe- el pasado veintiuno de marzo, la fama de “Things fall apart” no ha hecho más que aumentar junto con el prestigio de su difunto autor.

Achebe, pese a no recibir nunca el premio nobel -como sí lo recibieron el también nigeriano (yoruba) Wole Soyinka o los sudafricanos J.M Coetzee y Nadine Gordimer-, ha sido considerado de forma unánime como el padre de la literatura africana moderna y uno de los más grandes autores en lengua inglesa del siglo XX y en general de la literatura universal. [1]

Nació en 1930 en Ogidi, en el centro-sur de Nigeria, en tierras igbo. Pronto se trasladaría a Ibadán (al noroeste de su tierra natal, al norte de Lagos), para estudiar inglés, Literatura, Historia y Filosofía en la Escuela Universitaria. Fue primero profesor y más tarde, a principios de los años sesenta, trabajó como asesor para la colección “African Writers Series” de la editorial inglesa Heinemann, de la cual “Things fall apart” había sido la obra inaugural.Durante los setenta y parte de los ochenta fue profesor en la Universidad de Nsukka (al noreste de Ogidi, en tierras igbo). En el 1981, fundó la Asociación Nacional de Autores Nigerianos, de la cual fue presidente durante cinco años.[2]

Luego se trasladaría e instalaría en Estados Unidos, dónde ejerció de profesor en diversas universidades, siendo condecorado y recibiendo honores en muchas instituciones académicas y relacionadas con la literatura. Moriría en Boston, como anunciábamos al principio, hace apenas tres meses. Su muerte provocó un revuelo de homenajes, escritos y noticias, en todo el mundo literario y periodístico.[3]

Las dos novelas más reconocidas de Achebe (“Things fall apart” y “Arrow of God”), se desarrollan durante un contexto histórico determinado: los momentos previos al  colonialismo, el posterior choque entre sociedades y sus cosmovisiones, y el derrumbamiento de una de las partes, el universo Igbo tradicional. La elección del momento histórico, parece claro que no es casual. Achebe procuró mostrar los mecanismos internos que regían la sociedad tradicional igbo con la intención de transformar la mirada de los africanos sobre sí mismos, pero también la del resto del mundo respecto a África.

Se trataba de combatir, en los momentos previos a la independencia[4], la imagen estereotipada que des de Occidente se fue formando acerca de África desde tiempos del establecimiento de la primera frontera occidental con el continente, a mediados de siglo XV (Roca y Iniesta, 2002). Este imaginario europeo, presentaba África negra como una jungla primitiva, habitada de gentes salvajes sin conciencia histórica y a la que por tanto había que civilizar. Ese objetivo del autor en Todo se desmorona, en parte conseguido, tenía también la intención de ayudar a fundamentar los pilares sobre los cuales se asentaría más adelante una conciencia nacional nigeriana, más adecuada a la realidad y raíces del lugar y menos encuadrada en los postulados occidentales, lo cual habría que debatir si se acabó de conseguir. [5]

Según el mismo Achebe afirmaría en uno de sus ensayos, ya estaría satisfecho si las novelas que situó en el pasado, hubieran servido para mostrar a los lectores –africanos y de todo el mundo- que la historia africana, con todas sus imperfecciones, no había sido una larga noche de salvajismo de la que los blancos, en nombre de Dios, vinieron a rescatar. [6]

La producción literaria de Achebe influenció a muchos otros autores africanos y de todo el mundo, pero sobre todo a los africanos, que han visto en él, un ejemplo a seguir. Ha sido, maestro de maestros, pues autores reconocidos como el keniata Bgugi wa Thiong’o, el padre de la literatura africana en castellano, el ecuato-guineano Donato Ndongo, han reconocido el peso de la obra de Achebe, en sus escritos, al menos al principio de su camino como literatos.

Su estela, obviamente llega hasta nuestros días, pues la famosa y joven escritora Chimamanda Adichie, también habla de Achebe como una de sus principales influencias. [7]

El estilo de Chinua Achebe, al menos el que se desprende de su obra maestra, es un tanto particular. Muy a menudo, da la impresión de estar leyendo un clásico realista de la literatura occidental, una reconstrucción histórica que vuelve a poner de pié un gran castillo que ya hace tiempo se derrumbó. No es una prosa cargada de acción, sino más bien centrada en construir todo un universo particular, en el cual el lector inevitablemente acabará quedando atrapado. Ese realismo, concuerda perfectamente con una africanidad que perfuma toda la obra, expresada a través de la tradición oral igbo. Ésta a su vez, se hace presente en muy distintas formas a lo largo de la obra: rituales, proverbios, ceremonias, poemas, canciones, cuentos, mitología, etc.

En el devenir del relato, como decía no se desprende una gran acción. De hecho, la primera parte del libro se centra únicamente en la descripción del entorno social y cultural en el que vive Okonkowo, el protagonista. Poco a poco se va tejiendo todo un entramado, toda una forma de vida, regida por la tradición Igbo, a la cual se le acaba cogiendo cariño, pese a ser un contexto nada habitual para un occidental poco acostumbrado a lo africano. En la segunda parte, se explica el exilio de Okonkowo y su familia a la aldea donde nació su madre y donde su tío materno y familia, lo acogen con gran hospitalidad. Exilio provocado por un error involuntario que el protagonista cometió durante el festejo del funeral de un importante anciano guerrero del poblado: matar al hijo del difunto.

La tercera y última parte de la novela, la más corta, es en la que se explica el retorno a Umuofia, el poblado natal de Okonkowo, tras siete años de destierro. Las cosas han cambiado mucho mientras él estuvo fuera. “Los blancos” (ingleses) estaban bien instalados en Umuru, en la desembocadura del Níger, y des de allí realizaban incursiones hacia el interior, en tierras igbo. Primero misioneros cristianos y luego representes de la administración británica, fueron invadiendo progresivamente la tierra que vio crecer a Okonkowo, hasta provocar el derrumbe del sistema tradicional igbo, simbolizado en la muerte del protagonista.

De hecho, es a través de la descripción de la vida de Okonkowo, que el autor nos explica el desmoronamiento de todo un mundo, perfectamente organizado. El contexto, el paisaje en el que se enmarca la vida del protagonista y en general de todos los personajes, no es para nada un escenario idílico. La contradicción, la muerte, el precio de la vida, todo tiene cabida cuando se describe desde dentro un mundo real, y por tanto imperfecto.

Resulta interesante fijarse en el tratamiento de la “autoridad tradicional” en la primera novela de Achebe. La autoridad es pues un tema recurrente en Todo se desmorona, como se puede observar en más de un pasaje de la obra. Como por ejemplo cuando Okonkowo le pega una paliza a su esposa más joven, Ojiugo, durante la semana previa a la siembra, conocida como la “semana de la paz”. Digo que es un ejemplo de autoridad, no porque Okonkowo aplicara la autoridad descontrolada con una de sus esposas, sino porqué el truncamiento de la autoridad tradicional igbo, es lo que lleva al desmoronamiento progresivo, como se puede palpar a lo largo de la obra. El abuso de autoridad, su ejercicio desmedido y no regulado por todo un complejo sistema bien asentado, es lo que lleva a Okonkowo por el mal camino, hasta su trágico final.

Así pues, no se puede tildar a Achebe de dar coba en su novela a comportamientos misóginos o poco respetuosos con las cuestiones de género, pues si así se hiciera, sería del todo una mala interpretación de lo que realmente se quiere transmitir. Achebe, se refiere a la autoridad tradicional como sistema que facilita el crecimiento y buen funcionamiento de la sociedad igbo.

Precisamente el maltrato, la rotura de equilibrios entre la masculinidad y la feminidad es lo que acaba condenando a Okonkowo a un final fatal. Pues tanto el maltrato a su esposa más joven durante la “semana de paz”, como el sacrificio de su hijo adoptivo (Ikemefuna), e incluso su propio suicidio, son sacrilegios contra Ani, la diosa de la tierra, y por tanto, contra el principio de feminidad. También la extra valoración de la idea de masculinidad que tiene Okonkowo, concentrado en ser lo bastante hombre como para esquivar la herencia de su padre Unoka, también le lleva a realizar actos que no hacen más que consolidar el camino hacia el desastre.[1]

Esa autoridad tradicional, que seguía obviamente una lógica antigua, se expresaba en términos de control social, mediante los mecanismos que siempre antes habían funcionado. La fuerza de la juventud quedaba controlada –que no ahogada- por los sistemas de clanes, en los que la gente de mayor edad tenían la última palabra. Cuando este orden se fracturaba, todo perdía el sentido y entonces toda esa fuerza de la juventud quedaba descontrolada.

En Todo se desmorona, esa lógica antigua, aun predomina, al menos durante buena parte de la obra[2], y cuando no es así, el desastre se deja entrever. Okonkowo, es sin duda quien personaliza esa fuerza vital, que muestra dos caras, una benevolente y otra destructiva.

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[1] SOFÍA, Marta. En: Prólogo de Todo se desmorona (2011). p. 13.

[2] KESTELOOT, Lilyan. Historia de la literatura negroafricana. Una visión panorámica desde la francofonía. 2009.p. 344.

 

[1] SOFÍA, Marta. En: Prólogo de Todo se desmorona (2011). p. 7

[2] Diccionario de la literatura del África subsahariana. TransLit, Editorial Virus. Barcelona, 2001. p. 12.

[3] Por ejemplo: http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2013/03/chinua-achebe.html

[4] Nigeria se independizó totalmente en 1960.

[5] SOFÍA, Marta. En: Prólogo de Todo se desmorona (2011). p. 11.

[6] SOFÍA, Marta. En: Prólogo de Todo se desmorona (2011). p. 8 y Diccionario de la literatura del África subsahariana. TransLit, Editorial Virus. Barcelona, 2001. p. 13. La referencia del ensayo original es: ACHEBE, Chinua. “The novelist as teacher” en “Hopes and Impediments, Doubleday, New York, p. 45. Traducción de SOFÍA, Marta (Universidad de León).

[7]http://www.ted.com/talks/lang/es/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story.html

 

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