Mozambique: movimientos de mujeres, feminismo occidental y desarrollo

Estado Marxista, movimientos de mujeres y feminismo occidental

La euforia marxista duraría aun un tiempo largo (1975-86), donde se intentaron tirar adelante planes de desarrollo ligados a la ideología comunista y por tanto occidental. Muchas autoras defienden que este contexto revolucionario, favorecería el surgimiento de algunos movimientos de mujeres que luchaban por la adquisición de derechos frente a la creación del nuevo estado y para promover la igualdad de género (Vieitez, 2002). Una de estas organizaciones fue la Organização da Mulher Moçambicana (OMM), que actuó como brazo derecho del Frelimo al principio, para luego escindirse y convertirse en un movimiento autónomo ya que se había constatado que los intereses de las mujeres a veces quedaban subsumidos en los intereses generales del estado-nación. Según la antropóloga Vieitez (2002):

“El desarrollo económico y la modernización de Mozambique constituyeron una prioridad para el gobierno socialista. La igualdad de género era algo que devendría de manera natural, cuando las mujeres se movilizaran políticamente e involucraran en el mercado productivo formal, cuando se educaran en estos aspectos sociales y políticos modernos que proponía el socialismo, ajenas a su formación tradicional.”

Las mozambiqueñas –como buena parte del resto de africanas- trataron siempre de buscar la manera de solventar sus problemas, atendiendo a sus “intereses estratégicos”, es decir, buscando soluciones en base a las tradiciones culturales y sociales, pero también asimilando ciertas prácticas externas útiles para llegar a sus objetivos. Así pues las mujeres del  Mozambique marxista, aprovecharían las buenas condiciones para alcanzar algunas metas en materia de equidad y participación social.

El país no alcanzaría la paz hasta 1992, momento en que cesarían las hostilidades entre el Frelimo y la Renamo, gracias entre otras cosas a la mediación italiana. El país ahora (desde la entrada en vigor de la Constitución de 1990) funcionaría mediante un sistema multipartidista, en contraposición al sistema de partido único que lideró Machel hasta su misteriosa muerte en 1986. La apodada “Paz de Roma” significaría un punto de inflexión para Mozambique, ya que a partir de entonces se allanaba el terreno para la estabilidad y el desarrollo, que ni los portugueses ni el estado marxista-leninista supieron implantar. Los mozambiqueños/as, no reavivaron venganzas, no miraron atrás, si no que trataron de olvidar la guerra nacionalista -monopolizada por los hombres y las elites- y miraron al futuro con esperanza y paz social (Morozzo de la Rocca, 2003).

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Organização da Mulher Moçambicana (OMM)

Una nueva época empezaba, para la revitalización y reorganización de la vida social y tradicional. Se trataría de aprovechar y encajar los abundantes planes de desarrollo que se abalanzaban después de la guerra en Mozambique. Después de la época de furor marxista y siguiendo la estela dejada por la OMM, empezaron a surgir nuevas organizaciones y movimientos de mujeres, tales como:  Associaçao Moçambicana para o Desenvolvimiento da Mulher Rural (AMRU) o la Associaçao Moçambicana de Mulheres Empresarias e Executivas (ACTIVA). Muchas de estas por eso, dependían de financiamiento occidental lo que implicaba un cierto acatamiento de las premisas emitidas des del norte, en referencia a los proyectos de desarrollo. Así y todo, el tejido asociativo mozambiqueño se hacía fuerte y demostraba vitalidad.

Otra plataforma relevante en este sentido es el Fórum Mulher, Coordenaçao para a Mulher no Desenvolvimiento, con sede en Maputo. Ahí se encuentran muchas de las asociaciones de mujeres de Mozambique, lo cual convierte a dicha institución en un elemento de peso dentro del ámbito de género y desarrollo, ya que articula y facilita las sinergias que se puedan dar entre distintas asociaciones y la relación con los agentes de cooperación externos que trabajan en el país.

Como plantea Vieitez (2012), es interesante fijarse en qué momento de los estudios de Género y Desarrollo -y en general des de cualquier estudio que pretenda acercarse a África- se cambia en la manera de reflexionar sobre las mujeres africanas. Es decir, pensar en ellas no tanto en clave de igualdad de género sino como propias agentes sociales, económicas, culturales y políticas del territorio y tradición de la que forman parte. Buen ejemplo de ello serían el caso de las autoras nigerianas Ifi Amadiune (antropóloga) i Oyèrónke Oyewúmí (socióloga). La última concretamente, critica la invención de las mujeres como categoría sociológica hermética y universal, y propone nuevas perspectivas a partir del estudio de las sociedades yoruba, dónde la categoría de género queda por debajo por ejemplo, de las de generación (Oyewúmí, 2002).

Pero a partir de lo poco que he podido rastrear, y leyendo algunos artículos sobre Género y Desarrollo, me he dado cuenta que ese cambio –creo yo fundamental para evitar el fracaso- no siempre se ha dado en los ámbitos que debería darse con urgencia. Está muy bien que historiadores, antropólogos o sociólogos, se percaten de la necesidad de cambiar de prisma a la hora de interactuar con África, pero el problema reside en que quien interactúa a nivel oficial o no gubernamental siga perpetuando el mal entendimiento y por tanto el fracaso. En textos como el de Eugeni Rodríguez Blanco (2009), se muestra un cierto intento de crear entendimiento entre los conceptos Género y Cultura. Constantemente se habla de “barreras culturales” como freno a las políticas de desarrollo. En algún momento parece que se hace alusión a la necesidad de entender la tradición para poder intervenir en el desarrollo, pero de forma habitual se cae en el error de creer que los únicos agentes de cambio son las organizaciones externas, sean ONG o de la cooperación gubernamental y que solo existe una manera de desarrollarse ligada a la idea de progreso económico y tecnológico. La línea de dicho artículo, no es para nada una excepción en el ámbito del desarrollo, sino más bien al contrario. Las dinámicas que imperan hoy en día en la cooperación, salvando excepciones, se pueden ejemplificar en declaraciones como esta:

“[…] si la identidad femenina construida culturalmente no permite cuestionar ciertas prácticas y valores negativos para las mujeres ¿Por qué no permitir que otras mujeres que no están presas de esos condicionantes culturales realicen evaluaciones externas desde la perspectiva de género?”  p.11

“Que la práctica de la poligamia no sea tan común como en el pasado significa un cambio cultural. […] Significa un cambio porque cada vez más se realizan matrimonios o uniones monógamas, lo que ofrece una estructura social particular y diferente en relación al pasado.” p.17

“Los argumentos culturalistas son aquellos que afirman que la cultura y tradición de la comunidad establece las funciones de hombres y mujeres, y eso debe ser respetado: <Es tradición, los trabajos de la casa son de la mujer…el tiene derecho a permanecer sentado>.” p.21

Da la sensación de que se quiere imponer una única visión de la categoría mujer y del concepto Desarrollo, sin tener muy en cuenta el devenir de la tradición de cada pueblo. Evidentemente, la tradición es cambiante, no estática y del todo modificable con el paso del tiempo, ahora bien, ese cambio debe surgir de dentro. Lo que no se puede hacer es perpetuar las formas coloniales, llevando a cabo un desarrollo asistencialista e impositivo, de arriba abajo y no al revés. Cada pueblo debe seguir su propia vía de desarrollo, en total comunión con la tradición de cada uno, sirviéndose de la cooperación con otros pueblos, pero en una relación de igual a igual, sin paternalismos.

ONG y el Estado Moderno de Mozambique: cooperación, género y desarrollo.

Hoy en día Mozambique es un estado moderno más. O al menos así lo considera la comunidad internacional integrada por las elites y diplomacias de los demás países. Aunque la homogeneización del paisaje geopolítico global no se haya dado interiormente (de fronteras para dentro), sí que de manera superficial podemos hablar de que en casi todo el mundo existe la misma forma de organización: el estado-nación. Partiendo de esta premisa, es muy fácil realizar estadísticas y estudios cuantitativos sobre los niveles de pobreza o riqueza de cada país y crear así una división entre países desarrollados y subdesarrollados o en “vías de desarrollo”. Es decir un norte opulento y modelo, y un sur dependiente y atrasado. Del interior de esta dialéctica (también: centro-periferia), es de donde parten muchas de las iniciativas de la cooperación actual.

Las estructuras estatales de estos países aparentemente “fallidos” o “en vías de desarrollo”, a menudo se aprovechan para tirar adelante ciertas medidas favorables para la población. A veces por eso, el Estado también se ha convertido en refugio de una elite occidentalizada, normalmente derrochadora y expoliadora, con muy poca sensibilidad de auténticos gobernantes. Aunque cada vez más el Estado moderno en África (y concretamente en Mozambique) se está consolidando como un sistema útil para legislar en materias de género por ejemplo. También el hecho de que se creara un espacio de debate democrático, facilitó el surgimiento y efervescencia de los movimientos de mujeres (asociaciones, uniones nacionales, partidos políticos, etc.)

Las relaciones diplomáticas entre países del norte y del sur también han dado frutos en el campo del desarrollo entendido a la occidental. Pero eso ha sido de nuevo aprovechado por las contrapartes locales,  que en muchos casos son muy conscientes de que se necesita dinero para tirar adelante ciertos proyectos y de que los países del norte y sus instituciones son las que lo tienen.

En la constitución de Mozambique, como todo buen estado moderno, en su artículo treinta y seis se defiende la igualdad de género. Se trata de una constatación añadida en la revisión de la constitución que se hizo en 2004, ya que en la de 1978 se decía que la liberación de las mujeres era una tarea del estado (Vieitez, 2012). En todo caso, multitud de tratados, leyes y compromisos, confirman la férrea voluntad mozambiqueña de querer estar a la última en lo que respecta a cuestiones de género.  Aquí una pequeña muestra: 2005, Mozambique Gender Profile; 2006, Lei sobre a Violência Doméstica y Políticas de género e estrategias para a sua implementaçao; 2007, Direitos de Mulher no Moçambique y Guía de Integraçao de Assuntos de Género no Planos Distritais; 2008, Plano Nacional de Acção para Prevenção e Combate à Violência contra a Mulher, etc.

La principal institución encargada de llevar a cabo las políticas de desarrollo en clave de género es el Ministério da Mulher e Acçao Social de Mozambique, que actúa bajo este nombre des de 2005 aproximadamente. Como dice Vieitez (2012), la desvinculación de las organizaciones de mujeres de los partidos que lideraron las independencias en muchos países de África, fue un momento de inflexión importante. A partir de ahí se empiezan a articular toda una serie de asociaciones y sinergias que se encontrarán y reafirmaran a partir de la conferencia mundial de mujeres en Nairobi (1985). Ahí se forjan ciertas dinámicas que a partir de ese momento ya no se van a frenar, tales como la instauración en casi toda África del movimiento llamado cincuenta/cincuenta, que promueve la equidad de género en todos los ámbitos sociales y muy especialmente en el político, y donde las africanas están entre las líderes en el ranking mundial.

Entre los proyectos de desarrollo y cooperación que he podido ojear (algunos de ellos en clave de género), no me he encontrado con ninguno que no defendiera un modelo de desarrollo totalmente occidental. Quizá ya no sea un desarrollo exageradamente asistencialista, pero sí se conserva el eurocentrismo en los análisis de ciertas realidades. Los intereses son principalmente: reforzar la democracia, interactuar con el aparato estatal, mejorar los órganos de gobernabilidad de herencia colonial e implantar un modelo económico capitalista y moderno. Algunas ONG de más pequeño alcance aportan esfuerzos revestidos de muy buena voluntad, pero al fin y al cabo defendiendo el mismo molde.

Conclusiones

Nos encontramos pues, con que resulta imprescindible incorporar en la cooperación y el desarrollo a los componentes de la sociedad que se pretende desarrollar (Vieitez, 2012). No solo a las contrapartes oficiales, es decir a las elites políticas afincadas en las estructuras del estado moderno, sino también con el pueblo, a un nivel más local. En cuanto a los discursos feministas occidentales y africanos, debemos decir que existen diversos puntos de encuentro (en la línea de la construcción de un movimiento de mujeres global,  heterogéneo pero unido) pero también muchas diferencias. Las feministas occidentales abogan por la igualdad, mientras que las africanas apuestan por un modelo de separación de funciones. Así y todo, las mujeres africanas se benefician a menudo del discurso feminista occidental aunque mayoritariamente no lo compartan.

En Mozambique mientras tanto, hombres y mujeres tratan de convivir como siempre, adaptándose a las circunstancias, respetando las diferencias identitárias y mostrando esperanza y vitalidad. Solo a partir de sus gentes se definirán los caminos de futuro.

 

Bibliografía

Jean Hay, M and Stichter, S (edit). Africa women. South of the Sahara. Longman Group UK. 1984.

Mama, A. Cuestionando la teoría: Género, Poder e Identidad en el contexto africano (Upsala, 2001) Traducción de Medina, L. En: Descolonizando el feminismo: Teorías y prácticas desde los Márgenes. Liliana Suárez Navaz y Aída Hernández (editoras). Ed. Cátedra, Mardrid, 2008.

Morozzo de la Rocca, R. Mozambique. Una paz para África. Icaria Antrazyt. Barcelona, 2003.

Rodríguez, E. Género, Cultura y Desarrollo: Límites y oportunidades para el cambio cultural pro-igualdad de género en Mozambique. Universidad Complutense de Madrid, 2009.

Oyewúmí, O. Conceptualizando en género: Los fundamentos eurocéntricos de los conceptos feministas y el reto de la epistemología africana. IN: Africaneando. Revista de actualidad y experiencias. Núm. 04, 4º trimestre de 2010. (original: 2002, en Inglés).

Vieitez, S. y Jabardo, M. África subsahariana y diáspora africana: Género, Desarrollo, Mujeres y Feminismos. En: África en el horizonte. Introducción a la realidad socioeconómica del África subsahariana. Antonio Santamaría Pulido y Enara Echart Muñoz (Coords.). Ed. Catarata. Madrid, 2006.

-Vieitez, S.

Igualdad de género y África: Apuntes bibliográficos. En: Mujeres, Mercados y Desarrollo: Perspectivas africanas. Albert Roca i Álvarez (Ed.). Icaria Antrazyt. Barcelona, 2012.

Políticas públicas e igualdad de género en África: Angola, Cabo Verde y Mozambique. IN: Mujeres, Mercados y Desarrollo: Perspectivas africanas. Albert Roca i Álvarez (Ed.). Icaria Antrazyt. Barcelona, 2012.

 Retos y estrategias del movimiento de mujeres mozambiqueñas: apuntes de una revolución de género contemporánea. En: Mujeres de un solo mundo: Globalización y Multiculturalismo. Gregorio Gil, C y Agrela Romero, B (Eds.). Instituto de Estudios de la Mujer. Universidad de Granada, 2002.

Miradas antropológicas al género (2005). En: Miradas de la perspectiva de género. Estudios de las mujeres. De Torres Ramírez, I. (coord.).  Narcea Ediciones

Enlaces web

-Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo. Universidad del País Vasco. http://www.dicc.hegoa.ehu.es/

-Feminist Africa (Cape Town, Sudáfrica): http://www.feministafrica.org

-Blog de Vanessa Anaya Villegas. Socióloga, exalumna del máster CUDA, especializada en género, desarrollo y cooperación en África (Sudáfrica).

-Dossier del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación española

http://www.maec.es/SiteCollectionDocuments/Monografias/Mozambique.pdf

-Constitución de la República de Mozambique

http://www.portaldogoverno.gov.mz/Legisla/constituicao_republica/constituicao.pdf

-Web de la ONG “Mans Unides”. Proyecto de microcréditos para viudas y madres solteras en Mozambique.

http://mansunides.org/proyecto/microcredits-vidues-i-mares-solteres

-Habitáfrica. Proyecto de Desarrollo en Mozambique.

http://habitafrica.org/ong-en-mozambique-proyectos.php

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