¿HACIA DÓNDE VA EL MUNDO?

Dejo aquí un artículo escrito hace casi un año. Creo que no está tan desfasado, por lo tanto por eso lo rescato (con alguna modificación). Es bastante largo, pero al ser un tema tan amplio se entiende. Además puede servir como antesala al escrito que aun está por llegar sobre nuestra realidad más cercana. Este es pues, por decirlo de alguna manera, la reflexión sobre “lo global”, y el siguiente lo sera más sobre “lo local”.

La historia nos puede ayudar en el análisis del mundo actual, proporcionándonos herramientas muy útiles para ese mejor entendimiento de la actualidad. Contemplando (estudiando) el pasado, podemos alcanzar un nivel de comprensión sobre ciertos aspectos culturales, sociales y económicos, al cual difícilmente llegaremos si obviamos el estudio de la historia. Así pues nos puede ser de gran ayuda contar con la capacidad de poder realizar un cierto análisis histórico de determinadas realidades, en pos de un conocimiento más interdisciplinar y en consecuencia más dimensional.

Este escrito pues, como ya vengo apuntando, no pretende ser un estudio inédito y especializado, sino más bien una reflexión interdisciplinar y personal, sobre el estado actual del mundo. También con una clara intención divulgativa y por tanto buscando crear un cierto estado de reflexión y concienciación en aquel que quiera acercarse a estas líneas. Esta “reflexión” que ahora comienza, parte de una bibliografía obligadamente limitada, pero no por ello poco sustanciosa. Autores como Manuel Castells, Anthony Giddens, Samir Amin o Ulrich Beck (entre otros), constituyen en gran medida la base y el punto de partida de este trabajo.

Uno de los múltiples interrogantes que se nos debe plantear a principios de este siglo XXI (a un nivel global), es sin duda, el de determinar hacia donde se dirige el mundo. En esta línea podemos empezar a pensar sobre algunos conceptos con los que nos encontraremos a lo largo de este escrito. Me estoy refiriendo evidentemente a términos como: globalización, “alter” globalización, capitalismo, revolución tecnológica, neoliberalismo y desarrollo; por citar algunos de los más significativos y frecuentes.

En relación con la cuestión que encabeza este texto, podríamos formular también algunas preguntas que esperemos, a lo largo del escrito se vayan resolviendo o al menos reflexionando. ¿Qué es la globalización? ¿Qué alternativas existen a ésta? ¿Es posible mejorar los órganos de gobernabilidad mundial? ¿Cómo se resolverán las tensiones entre lo global y lo local? ¿Qué tendencias (políticas, sociales, económicas y culturales) imperan hoy en día? Y ¿Cuales de estas pueden condicionar el futuro? En definitiva: ¿Hacia dónde va el mundo? y ¿Es posible un mundo mejor?

Manuel Castells (Albacete, España, 1942) es sociólogo y profesor universitario, catedrático de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de Berkeley (California). Muy reconocido a nivel internacional, ha estudiado y trabajado en multitud de universidades. El análisis de lo que él ha llamado “la Sociedad Red” o “Sociedad de la información”, es lo que más fama le ha aportado a nivel intelectual.

De hecho, es esa última pregunta la que impulsa este trabajo y por la que al fin y al cabo todos –o muchos- luchamos. Se trata pues de, mediante el estudio y el conocimiento, intentar mejorar el mundo en el que hoy vivimos, tomando consciencia de la historia, reformulando el presente y construyendo un futuro más esperanzador. Para ello, debemos familiarizarnos cuanto antes con los conceptos y cuestiones que antes señalaba.

En primer lugar, deberíamos acercarnos cuanto antes al peliagudo concepto de globalización, usado hasta la saciedad, pero des de hace relativamente poco tiempo (a partir de los años 90 aproximadamente). Tal y como indica el sociólogo Giddens, la difusión a nivel mundial del término, en sí, ya es en parte la prueba del propio cambio que éste expresa. Pero, ¿qué significa? Pues bien, es éste un término que puede abordarse des de distintos puntos de vista, es decir, dependiendo de cómo se adjetiva la palabra o dicho de una manera más profunda, dependiendo de qué ideología la defienda (o defina), y respecto a que se lleve a cabo esa globalización; ésta puede tener un significado u otro. Pero no nos engañemos, todos sabemos quiénes son los actores que llevan a cabo dicho proceso, y los intereses que mueven a estos, y también sabemos cuál es el adjetivo principal del término. Neoliberal, es el adjetivo al que me refiero, esa es la globalización que hoy padecemos nos guste o no, y a la cual debemos hacer frente, planteando alternativas consistentes.

Cierto es que la globalización como proceso no empezó hace dos días. Teniendo unas mínimas nociones de historia, es fácil detectar cuando se inicia esta expansión occidental, de un carácter ya globalizante. Evidentemente me refiero a finales del siglo XV, cuando empieza lo que nosotros llamamos la Edad Moderna (siglos XVI-XVIII aproximadamente). Se habrán dado cuenta de que las fechas coinciden con las características históricas de otro proceso (o sistema) también muy conocido: el capitalismo. Y es que ambos términos van cogidos de la mano, y han evolucionando a lo largo del tiempo, modificando –dependiendo de las circunstancias- su naturaleza. Inicialmente (1500 en adelante), fue un periodo basado en el mercantilismo, es decir, basado en la locura por comerciar.

De hecho, si quisiésemos indagar aun más en la historia, encontraríamos ya esa visión mercantilista-expansionista, en la llamada Antigüedad, concretamente en las civilizaciones fenicias y griegas. Con ese afán por comerciar y capitalizar el mercado, a un nivel cada vez más internacional, y ya con un sistema de “altas finanzas” en Europa, creado por los banqueros del Renacimiento, se llega hasta la Revolución Industrial (siglo XIX). A partir de aquí comenzará otro tipo de globalización, y por supuesto otro capitalismo, más agresivo, el denominado modelo clásico.[1] Durante esta época es cuando surgen las “grandes ideologías”: el liberalismo, como cosmovisión –entonces progresista- de la burguesía, procuró des de sus inicios romper con las cadenas que imponía el Antiguo Régimen, a la vez que forjaban otras nuevas, eso sí, mucho más modernas y ambiguas.

La Revolución Industrial, iniciada en el Viejo Continente y pronto exportada a buena parte del planeta, provocaría una polarización social muy acentuada, y en consecuencia el surgimiento de nuevas ideologías, todas ellas hijas de occidente y totalmente en relación con el capitalismo y el pensamiento contemporáneo. Socialismo y comunismo son las nuevas doctrinas, provocadas por la hegemonía del capitalismo como sistema global y que durante el siglo XIX y XX se desarrollaran hasta llegar a convertirse en el otro polo del mundo contemporáneo (Guerra fría). Más, con el paso del tiempo, vimos como la aplicación práctica de dichas ideologías, se desvanecía y se mostraba incapaz de plantear un mundo realmente alternativo y factible, además de comprobar las grandes atrocidades que bajo los dogmas del socialismo y el comunismo se perpetraron a lo ancho y largo del planeta.

En esta época, previa al cambio que supuso el final de la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo se globalizó gracias también al colonialismo, mediante el cual se quiso exportar a nivel mundial “el desarrollo” ligado a la industrialización, sinónimo por aquel entonces de progreso y modernización. A demás de exportar el sistema capitalista, también se quiso establecer en todo el mundo, el modelo de Estado-nación, inspirado lógicamente en los países del centro (entiéndase Europa)[2], lo cual traería desastrosas consecuencias a corto y largo plazo, como iremos viendo más adelante.

Así llegamos a mediados del siglo XX. Consolidados los grandes Imperios europeos (Gran Bretaña y Francia principalmente), el mundo parece cada vez más pequeño, los transportes evolucionan a pasos agigantados, las comunicaciones también, el capitalismo domina en la mayor parte del mundo y la economía cada vez está más globalizada. Pero como antes comentábamos, existen ya zonas del mundo donde se han puesto en práctica las ideologías socialistas y comunistas, lo cual hace de contrapeso, a la vez que el mundo se va bipolarizando cada vez más. La industria armamentística se moderniza e intensifica y en consecuencia la mortalidad en las guerras y conflictos del mundo se multiplica.

La Primera Guerra Mundial acaba con los antiguos imperios tradicionales (Otomano, Austro-Húngaro, etc.) y consolida como decíamos antes las grandes potencias coloniales. La Segunda Guerra Mundial, también resulta un punto de inflexión importante en el devenir de la historia. Los territorios colonizados luchan por su libertad e independencia de la metrópoli; los fascismos pierden fuerza, la Unión Soviética se erige en cabeza de los países comunistas y empieza el proceso de tensión creciente, llamado Guerra Fría, donde se oponen el sistema comunista (URSS) y el sistema capitalista, encabezado por la que a partir de ahora será la primera potencia mundial: EE.UU. (en tensión constante con el otro bloque).

La Guerra Fría en el mundo (Después de la II Guerra Mundial, hasta el desmoronamiento de la URSS). Este choque tuvo lugar en distintos ámbitos: político, ideológico, económico, social, tecnológico, militar, informativo e incluso deportivo, pero ninguno de los dos bloques tomó nunca acciones directas contra el otro, por la cual se denominó al enfrentamiento “Guerra Fría”.

Durante el siglo XX, el liberalismo y sus partidarios, encuentran en la democracia representativa y de partidos, un buen medio para desarrollarse. Aunque históricamente, no se debe emparentar el liberalismo con la democracia, ya que ambos conceptos parten de una naturaleza muy distinta. El liberalismo, no es demócrata por definición, otra cosa es que, como digo en la democracia, los liberales (o ahora neoliberales), encuentren un buen medio para llevar a cabo sus intereses sin demasiada dificultad.

Es aquí donde podemos empezar a entender la globalización de la que hoy se nos habla, ligada pues a la intención de uniformar el mundo en relación a los valores liberales, que no estrictamente democráticos. Pero si queremos hablar de actualidad, y entender bien, hacia donde vamos, debemos prestar especial atención a lo sucedido en las últimas décadas, pasando por el cambio de milenio y los inicios de este, en donde ahora nos encontramos. Si hay una fecha que marca el inicio de estos tiempos, es sin duda 1990 (año arriba, año abajo), es decir, cuando el bloque soviético se desmorona, con la imagen metafórica del desprendimiento físico del muro de Berlín (1989). Esa es la imagen más representativa, pero evidentemente el cambio de rumbo del capitalismo, venía gestándose ya en ciertos círculos de poder de Estados Unidos y Europa, a partir de los años ochenta.

Más que un cambio de rumbo, deberíamos hablar mejor, de una exageración de las maneras, una radicalización del credo liberal, ahora etiquetado neoliberal. A partir de los gobiernos conservadores de Reagan (EE.UU) y M. Thatcher (R.U), se inició una ola favorable al neoliberalismo, fundamentada en una serie de pactos políticos y económicos[3], que favorecían la más absoluta libertad de mercado y capital. Todo ello arropado por las instituciones de ámbito económico e internacional como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial del Comercio. La politóloga Susan George, destaca la importancia de estos organismos “mundiales” ya que a la práctica resultan ser el brazo ejecutor de la política defendida des de las más altas esferas de poder del sistema mundial.

El neoliberalismo practicado des de mediados de los ochenta, hasta nuestros días, se concreta en el Consenso de Washington, que en síntesis, no es más que el conjunto de decisiones tomadas des de estas altas esferas de poder, las cuales atienden a la necesidad de implantar a nivel global la doctrina neoliberal, mediante, como decía, las instituciones internacionales. Este Consenso se caracteriza por defender y querer promover las premisas básicas del liberalismo, adaptadas a los nuevos tiempos. Esto es, fomentar la competencia en todos los ámbitos, mantener baja la inflación (es decir, impedir aumentos de salarios y precios), aumentar el comercio, permitir que el capital circule y se reproduzca libremente (de ahí liberalismo,que no nos confunda el término), reducir impuestos (sobre todo a los ciudadanos ricos), aunque si este punto no se cumple, para eso están los paraísos fiscales, con lo cual el peso de los impuestos recae principalmente en el consumidor/asalariado (y también en la pequeña empresa).

Otro punto básico del credo liberal: la privatización, lo que nos lleva a definir otro aspecto típico del neoliberalismo, la no intervención del Estado en materia económica y en general cuanto menos intervenga éste, más libertad de movimiento. Ligado a este último punto, también podemos destacar el individualismo extremo que impera en el liberalismo. Una vez definido a grandes trazos el liberalismo, podemos empezar ya a determinar mejor lo que debemos entender hoy en día por globalización.

Se trata pues de una globalización dirigida por las empresas o impulsada por las finanzas si se quiere. Nunca antes las grandes empresas transnacionales habían sido tan potentes, tan activas y tan implicadas políticamente. Nunca antes, han estado tan deslocalizadas de sus países de origen, ni han invertido tanto en el extranjero. Además la revolución en las tecnologías ha ayudado enormemente a aumentar el volumen de transacciones financieras, de una velocidad y con una capacidad de multiplicación realmente vertiginosa. Se le llame como se le llame, esta globalización, no es más que una fase más del capitalismo global, ya que como hemos visto hasta ahora, el capitalismo con ansias de ser sistema internacional, ya surgió hace muchos años.

Mafalda

La diferencia principal del de ayer con el de hoy, reside en la distinta naturaleza de sus actores: las empresas multinacionales y las mega instituciones financieras; estas son las que gozan en la actualidad de una considerable libertad para fijar las reglas que nos gobiernan a todos, ya que normalmente también suelen controlar (además de los gobiernos) a los grandes medios de comunicación. Así pues, tenemos que la globalización es del todo un concepto ideológico, porque busca transmitir las ideas que mejor sirven a los intereses de los grupos que se benefician de los actuales acuerdos económicos y políticos.

De manera, que no vale vender el concepto, como algo bueno, de lo que todos nos beneficiaremos. Eso no se aguanta por ningún lado y lo más que provoca (además de engaño y manipulación en ciertos ámbitos) es el enfado de grandes capas de la población a nivel mundial, lo cual es del todo comprobable en los tiempos de indignación que corren hoy en día. Todo este proceso, al que hasta ahora nos hemos referido, ha provocado distintas reacciones en diferentes lugares del mundo. Movimientos favorables a la construcción de un mundo mejor, tales como el ecologismo o los movimientos por la paz. A un nivel más local (y menos occidental), se han desarrollado procesos provocados por la globalización, que justo reivindican lo contrario de esta, es decir, corrientes favorables a la consolidación de determinadas identidades culturales, a favor de la etnia, religión o región a la que se pertenece.

El modelo de Estado-nación, al que ya antes nos hemos referido, se ve desbordado hasta en su misma cuna de nacimiento (Europa), ya que –supeditado por las “dictaduras de los mercados”- no puede hacer frente a ciertos reclamos de la población o a problemas relacionados con la identidad y la autonomía de algunas regiones. Obviamente, en otros lugares del mundo donde el Estado-nación (con democracia liberal incluida) no ha sido considerado nunca un modelo autentico y verdaderamente adecuado a las necesidades de cada realidad concreta, éste ha fracasado considerablemente. Me refiero a los intentos de inculcar estos valores occidentales en África, Oriente Próximo o América Latina, lugares donde aun hoy en día se arrastran las consecuencias de tan limitada capacidad de comprensión. La globalización, en su vertiente más social, es decir, la que afecta a las personas, también tiene efectos que empujan hacia el optimismo.

La gran revolución de las tecnologías, de alguna manera ha ayudado a tejer una especie de red global que une a buena parte de la población mundial. Paralelamente a las organizaciones internacionales que antes comentábamos, se han ido creando cada vez más agrupaciones que a diferencia de las otras, surgen de abajo a arriba y no a la inversa. Movimientos que luchan con inteligencia por alcanzar una justicia global y real, que defienden la cultura de la paz y que se rebelan contra la corrupción de las clases políticas i la ineficacia de estas para dar solución a ciertos aspectos de la actualidad.

En definitiva, se puede intentar y conseguir, cambiar el mundo en el que hoy vivimos. La cuestión radica en cómo hacerlo. Una buena opción es optar, como decía al principio, por ampliar las miras, abrirse al conocimiento y actuar en consecuencia. No sirve el activismo barato, la violencia contra las personas, o el quemar mobiliario público. De hecho resulta una estupidez, querer enfrentar-se al sistema, plantándole cara allí donde éste es más potente, es decir, en el monopolio de la violencia legítima. Puede ser muy intensa la sensación y carismática la sensación de ser golpeado por un policía o la de tomar el control de una plaza pública, pero no será así como se le dará la vuelta a la tortilla.

La solución pasa pues por plantear nuevos espacios políticos y de debate partiendo de un conocimiento sobre la realidad (o realidades) para así poder plantear alternativas consistentes. Pero no me malinterpreten, el salir a la calle y hacerse oír, es más que necesario. Lo que hay que tener en cuenta, es la táctica que se toma en la protesta y sobre eso, Gandhi nos enseñó mucho. Se puede llevar al límite una situación, sin ser violentos y víctimas de la espontaneidad.

La resistencia pasiva y en todo caso la violencia contra ciertas propiedades (aunque sigue siendo este un acto poco inteligente, si seria justificable), serian las vías a seguir en cuanto a las manifestaciones. No debe haber cosa más humillante para las fuerzas de seguridad de los Estados, que tener que verse obligados a infiltrar agentes de paisanos “alborotadores” en las manifestaciones pacificas, para así poder justificar la posterior represión. Además es muy fácil etiquetar a aquel que ejerce la violencia no legítima, de terrorista, ya que como hemos dicho, la violencia aquí solo la ejercen unos, ellos. Y esto no ayudaría a la proliferación de un movimiento de base amplia y al cual cada vez se adhieren más personas, de diferentes lugares del mundo.

Fuerzas policiales de los Mossos de Esquadra, intentando desalojar a un manifestante de Plaza Catalunya (Mayo de 2012). Como se puede ver, ellos sí están autorizados para ejercer la violencia.

En fin, espero haber aclarado, algunos de los puntos expuestos en la introducción, o al menos haber contribuido a la reflexión sobre el mundo actual. Sé que me dejo multitud de temas, hechos y procesos históricos o ejemplos concretos sobre alguna reflexión, por determinar. Quizá en otra ocasión, tras haber decantado mejor toda la información y aumentado el conocimiento del cual dispongo, salgan a la luz nuevos temas de debate y nuevos pensamientos sobre el futuro.

De momento solo me queda decir a modo de conclusión de este humilde artículo, que el hecho de que en la época en que vivimos, se haya dado la conjunción de tres procesos independientes de gran relevancia, ya es indicador de que una nueva era se deja ver en el horizonte. Por un lado la revolución en las comunicaciones y las tecnologías de la información (redes sociales); La consumación de la crisis económica del capitalismo como sistema global, así como la crisis también del estatismo, por otro lado; Y el surgimiento cada vez más potente, de movimientos de base social y cultural, tales como los que antes comentábamos (ecologismo, antiautoritarismo, movimientos por la justicia social, Indignados, etc.). La interacción entre estos procesos y reacciones, a la larga, puede ser el caldo de cultivo idóneo para el florecimiento de nuevas maneras de entender y tratar el mundo.

Plaza Catalunya, 7 de Junio de 2011.

Os dejo por aquí una galería, con fotos de el movimiento “indignado” del mayo/junio del año pasado en Barcelona, realizadas por Mar López (LMB’s).

BIBLIOGRAFIA

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Beck, U. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Ed. Paidós. Barcelona, 2002.

Castells, M. –La Era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol. 1: La sociedad red. Alianza Editorial. Madrid, 1997.     

-La Era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol. 2: El poder de la identidad. Alianza Editorial. Madrid, 1998.    

  -La Era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol. 3: Fin de milenio. Alianza Editorial. Madrid, 1999.

De Lucas, J. Globalización e identidades. Ed. Icaria. Barcelona, 2003. Dollfus, O. La mundialización. Ed. Bellatera. Barcelona, 1999.

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___________

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ARTICULOS

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Castells, M. Ocupar Wall street. A la Venguardia. 5/11/2011 Kennedy, P.    

-¿Qué significa reformar Naciones Unidas? A El País, 28/12/2003

Se levanta la veda. A El País, 24/10/2004    

-Las limitaciones de la ONU. A El País, 3/9/2006

Kern, S. La reforma de la ONU y los intereses de Estados Unidos. Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. 20/01/2005

 

WEBS

http://www.cartadelapaz.org/

 


[1]Amin, S. El Capitalismo en la era de la Globalización. Ed. Paidós. Barcelona, 2002. p. 15
[2] Ibíd.
[3] Como por ejemplo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), aprobado en el 1993, gracias a la presión ejercida por los grandes lobbies económicos norteamericanos.

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