Diáspora africana y feminismos negros.

En el apartado dedicado a hablar de la diáspora, los Estudios Culturales y también de los feminismos negros; se hace un interesante recorrido por distintos conceptos, autores y movimientos sociales.

Entendemos por diáspora, la dispersión de la cultura negra por el mundo, a causa de un desplazamiento forzoso provocado por la trata de esclavos. También podemos incluir en esa categoría, la gran cantidad de inmigración (la más o menos forzada y la voluntaria) que contribuye a expandir esa ola cultural por muchos lugares distintos del mundo. Reconstruyendo, construyendo y reproduciendo constantemente distintas imágenes de africanidad.

Clifford (1991), como Safrán, rescatan, estudian y dimensionan el concepto de diáspora. El primero concretamente, pone de relieve que esas formas culturales se desarrollan a través de redes transnacionales y con múltiples conexiones entre ellas. Destaca una dimensión negativa y una positiva en cuanto a la conceptualización de la diáspora por parte de quienes creen constituirla. Negativa porque esa conciencia diaspórica se construye en base a experiencias de exclusión. Positiva porque se construye a partir de una identificación con una realidad concreta, en este caso África.

El concepto diáspora en principio está muy relacionado con la dispersión judía. Esa historia, es rescatada en época abolicionista, por algunos intelectuales afroamericanos (Du Bois, Garvey), interesados en subrayar las conexiones de su causa con la del pueblo judío. De hecho, una de las expresiones culturales que surge de la diáspora negra, el movimiento rastafari, muestra multitud de semejanzas con la religión judía y en general con toda la aureola cultural hebrea. Y como los judíos sionistas, muchos rastafaris, aun hoy reclaman su vuelta a la tierra prometida, a Zion, África. Esas interesantes conexiones, se crean a menudo por la empatía que surge entre pueblos, por el hecho de pertenecer a un pueblo que ha sufrido, se ha exiliado y se ha dispersado. Ese sentimiento mutuo, forma parte de una cultura de liberación y redención. Su expresión más auténtica, sin duda, es la música, como bien se destaca en el texto. Sea en forma de Blues, rap, beboop o reggae, todo muestra un sustrato cultural común, como Gilroy mostraría durante los años noventa.

Marcus Garvey (1887-1940). Periodista y empresario jamaicano. Uno de los creadores del nacionalismo negro, luego profetizado por el movimiento rastafari.

Paul Gilroy habló de esas manifestaciones culturales en forma de música, como movimientos de reivindicación a dos niveles. Uno local, por su lucha interna y su particular manera de conectar con África y reconstruir y reproducir esa africanidad; y un nivel más internacional, en tanto en cuanto aporta lecturas globales y forma parte de esa diáspora que muestra distintas formas pero un mismo color. De hecho él fue quien creó el concepto de “Atlántico Negro” (1993), el cual hacía referencia a ese espacio geográfico en el que se crea esa conciencia de diáspora negra, sobre todo a partir del contexto postcolonial británico. Stuart Hall, habla más de identidades diaspóricas, surgidas de la globalización de la diáspora, según sus palabras: “personas que ya no tienen raíces, sinó rutas”. Entiendo el sentido de la sentencia, la transnacionalidad de la diáspora, puede dar esa sensación de dispersión, pero yo no compartiría lo de que ya no tienen raíces. Rutas, claro está que se han formado en diversas direcciónes, pero eso pueden ser las ramas del árbol. Las raíces creo, están bien definidas y difícilmente se pierden de vista.

Tanto Gilroy como Hall, forman parte de la corriente intelecutal de los Estudios Culturales, llegados a etiquetar de “postdisciplinarios”, dado su eclecticismo. Surgen en Gran Bretaña, de la mano de E.P. Thompson, con trabajos centrados sobre todo en describir las tradiciones i resistencias del proletariado británico en plena época industrial, y con una importante influencia marxista (e incluso Gramsciana). Este movimiento, también va muy ligado con la New Left británica, con la cual Stuar Hall estaba relacionado.

Cabe destacar también, durante el transcurso de los noventa, la creación de los departamentos en algunas universidades de Estados Unidos, de Black Studies. Los cuales se fijaron y realzaron mucho las luchas por los derechos civiles de la población negra en EE.UU. Gilroy, como antes ya hemos dejado ver, trabajaría en esta línea.

Es interesante comprobar, aunque ya lo sepamos de ante mano, los distintos estilos que se muestran en el texto. Las distintas maneras que tienen las autoras de tratar ciertos temas, los intereses de cada una y sobre todo ver como se complementan sus explicaciones en referencia a los feminismos africanos y los feminismos negros, concepción que implica un marco más amplio, en relación con la diáspora y partiendo de un análisis cercano a los Estudios Culturales británicos. En esta línea cabe destacar a Patricia Hill Collins, con sus trabajos centrados en la importancia de las mujeres negras como columna vertebral de la familia o comunidad negra. Amy Guttman, con sus estudios sobre la narrativa de la esclavitud; Carol. B Stack, con su estudio sobre las familias en los guetos; y por último Angela Y. Davis, también centrada en la capitalidad de la mujer en la comunidad negra, fijándose sobre todo en los primeros años del siglo XX, época de plenitud para el Blues y sus heroínas.

Patricia Hill Collins. Socióloga de la Universidad de Maryland. Exponente principal del feminismo negro.

En definitiva, la idea que se desprende tanto en la parte dedicada a los feminismos africanos, como en la de los feminismos negros, es la de que las posturas del feminismo blanco no son válidas de manera universal. Eso se encargaron de defenderlo las feministas negras estadounidenses y británicas, las cuales pusieron muy en duda la falacia de la multiculturalidad y la hegemonía de los valores occidentales como únicos. Desconfiaron y cuestionaron la categoría “mujer”, ofreciendo nuevas imágenes en las que reconocerse como tales. Autoras como Sharmila Mercer, Kum-Kum Bahavnani o Margaret Coulson, señalan que las políticas feministas se están desarrollando bajo determinadas formas de desigualdad y desventaja racial.

Ya para acabar, faltaría elaborar unas sintéticas conclusiones, en relación a todo lo comentado hasta ahora. Tal y como en su momento definieron los antropólogos John Money (1955) y más tarde el psicólogo Robert Stoller (1968), la identidad o roles de género, no vienen determinados por el aspecto biológico, es decir, por el sexo. Más bien depende de todo un seguido de experiencias y construcciones culturales asociadas a uno u otro género. A partir de ahí se abre un nuevo enfoque, que debe ayudar a explicar mejor la diversidad de movimientos femeninos que se pueden dar. Como en el aspecto del “desarrollo”, no solo nos encontramos ante una única forma de entender el progreso. De hecho, ese desarrollo que des de la mitad del siglo XX, abandera el mundo occidental, cuanto antes debe ser cuestionado y en muchos casos aturado o al menos modificado.

En la línea que proponen Wolfgang Sachs y Gustavo Esteva en el Diccionario del Desarrollo (Perú, 1996), últimamente la gente usa la palabra “desarrollo”, para expresar justamente lo contrario de lo que en verdad la palabra significa. Ya no se trata de dejar de imponer ese modelo, o mirar de analizar el resto del mundo bajo ese prisma, sino de cambiar la dirección en la que nos movemos y los valores que nos llevan a actuar así. Debemos aprender de otros modelos de sociedad, para frenar antes de llegar al precipicio. El mundo es finito, y nosotros no somos el centro angular de todo. Ese comportamiento errático ha sido común, independientemente del género creo yo. Así pues, una predisposición abierta a entender las distintos roles de género en esas sociedades de las que debemos aprender, puede ser un buen punto de partida para empezar mutar ciertos aspectos de nuestra sociedad, como el de cómo nos desarrollamos y como interactuamos con el resto de pueblos del mundo.

Bibliografia (de las dos últimas entradas)

África subsahariana y diáspora africana: Género, desarrollo, mujeres y feminismos. Soledad Vieitez y Mercedes Jabardo. Artículo incluido en el libro que figura justo abajo. 

-África en el horizonte. Introducción a la realidad socioeconómica del África subsahariana. Antonio Santamaría Pulido y Enara Echart Muñoz (Coords.). Ed. Catarata. Madrid, 2006.

-Boserup, Ester. La mujer y el desarrollo económico. Minerva ediciones. Madrid, 1993. (original: 1970, en inglés).

-Oyewumi, Oyeronke. Conceptualizando en género: Los fundamentos eurocéntricos de los conceptos feministas y el reto de la epistemología africana. IN: Africaneando. Revista de actualidad y experiencias. Núm. 04, 4º trimestre de 2010. (original: 2002, en Inglés).

Enlaces web

-Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo. Universidad del País Vasco. http://www.dicc.hegoa.ehu.es/

-Diccionario del Desarrollo. Una guía del conocimiento como poder. Editado por W. Sachs. Perú, 1996. (original: 2002, en inglés). http://www.ivanillich.org.mx/Lidicc.htm

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