Hay cosas peores que los “Apaches”…Comentario sobre el Western y “La Diligencia” (J.Ford, 1939)

Este texto no pretende ser una crítica audiovisual en el sentido estricto, para ello faltarían referencias más técnicas, sobre cámara, planos, escenas, fotografía, etc. En esta entrada (como en todas las que puedan venir a partir de ahora, que hablen de cine) lo que podrá encontrar el lector será una reflexión más interdisciplinar, situada entre el Cine y la Historia. Así pues, el posible contenido histórico del film, el contexto en que surge éste, la trayectoria del director, la historia del género, será en lo que más me fije a la hora de analizar un largometraje. Vamos a ello.

Cartel original de la película

Steagecoach” –título original del film- , marca un antes y un después en muchos aspectos. Por ejemplo dentro del mismo género del western como iremos viendo, pero también resulta un punto de inflexión para la historia del cine en general, así como para la trayectoria profesional de su director: el gran John Ford. Que quede claro pues, que estamos delante de una obra maestra, de un clásico. Una película que traspasó las fronteras de su género y que se convirtió en perenne, tal y como sucedió con las grandes obras de Shakespeare, con los cuadros de Goya, las esculturas de Bernini, la música de Mozart o la de Bob Marley.

La producción de la película corrió a cargo del judío de ascendencia alemana, Walter Wanger, que ya antes había trabajado en alguna ocasión con grandes directores como Raoul Walsh o Firtz Lang, pero aun no lo había hecho con Ford, el cual empezaba a adentrarse ya en su gran época dorada. Con Wanger, Ford solo colaboraría una vez más, concretamente al año siguiente, para la producción de “The Long Voyage Home”, traducida aquí como “Los Hombres intrépidos”, también con John Wayne y Thomas Mitchel como principales protagonistas.

Como decíamos, para Ford, este film significa la entrada en una nueva era. Una nueva manera de hacer cine. Quedan atrás multitud de películas, la mayoría de ellas mudas. Desde 1917, Ford se fue curtiendo en el mundo del cine (y el western) hasta alcanzar –a mí parecer- su primer momento culminante con “la Diligencia”. Ya antes, con “The Iron Horse” (El Caballo de Hierro, 1924), por citar una gran película y a la vez un gran western, Ford había dado prueba de su calidad tras la cámara. Pero como decíamos, es “la Diligencia”, la película que da prueba de que Ford empieza a atravesar una época más madura, más psicológica y dimensional, un giro similar al que más tarde volverá a dar con “Centauros del desierto (1956)” o con “El gran combate (1964)”, primer western revisionista de la historia de los Estados Unidos de América, en referencia a los Indios.

John Ford

No se puede hablar de Ford y de su obra, sin dejar de hacer referencia a la historia y sociedad de los EE.UU y muy en particular al western. Entendido este último como género cinematográfico, pero también como parte primordial de la cultura norteamericana, en tanto en cuanto que surge de una época histórica de los EE.UU, con el tiempo mitificada y amplificada, gracias primero a la literatura y luego al cine. Dicho esto, no me queda otra que dar cuatro pinceladas sobre western e historia de los EE.UU. Luego, seguro, veremos y entenderemos “la Diligencia” con otros ojos y bajo unos parámetros más amplios y adecuados.

El western, es un género un tanto peculiar. Se trata pues –si queremos ser más perfeccionistas- de un subgénero, arraigado profundamente en la cultura estadounidense y que se origina como ya veníamos apuntando a partir de una determinada época histórica: la de la conquista del Oeste. Esta época, ocupa casi por completo el siglo XIX, pues se inicia en el 1803 (por poner una fecha simbólica pero significativa), con la compra del territorio francés de la Luisiana por Thomas Jefferson. A partir de este momento, empieza a darse un proceso de ocupación progresivo, de las antiguas e iniciales 13 ex colonias de la costa este, hacia la gran inmensidad del territorio del Oeste. Este vasto territorio poblado de aborígenes, fue des de entonces víctima de un constante goteo de colonos, el cual duraría como decía, hasta finales de siglo. Algo así como una frontera móvil que se iría desplazando cada vez más al Oeste, hasta alcanzar la costa del Pacífico. Esta colonización libre y progresiva, estaba regida de fondo por la idea de “el destino manifiesto”, según la cual se promovía y defendía que el territorio norteamericano de costa atlántica a costa pacífica, debía ser territorio estadounidense.

Esta ocupación del territorio, se dio de manera un tanto espontanea, es decir, poco reglamentada y estructurada, aspecto que marcaría profundamente el proceso de formación y consolidación de la sociedad estadounidense. De ahí que esa “gloriosa” época, se mitificara y se convirtiese en parte del folklore de la cultura yanqui. Piensen que toda sociedad, toda nación, necesita de una construcción cultural propia. Esta sin duda, es la de los estadounidenses.

Mapa de la conquista del Oeste

El western, entendiendo por este, ya el género cinematográfico, retrata pues esta época, esta cultura. Y lo empieza a hacer justo cuando dicha época, empieza a desaparecer, a principios del siglo XX, cuando la frontera del Oeste dejó de existir. Con el género, pasará igual que con la etapa histórica, nace casi de la mano del propio cine, pero a partir de cierto momento, empieza su crepúsculo, su progresiva pérdida de público y transcendencia. Veamos como sucedió.

“Asalto y robo a un tren” (1903) de Edwin S. Porter, es el disparo de salida del nuevo género cinematográfico: el western. David W. Griffith, aporta interesantes pinceladas al recién creado género, dejando su huella de excelente cinéfilo. Ford marcaria el estilo típico del cine mudo de la época y también del western del momento, como ya hemos dicho anteriormente, con “El Caballo de hierro” (1924). Muchas otras aportaciones de no tanta relevancia, irían engordando la lista de películas del Oeste, ayudando así a consolidar el género, el cual aun no gozaba –pese a su rápido desarrollo- de madurez y consistencia.

La protagonista de este escrito, es la que marca el inicio de un género ya maduro, más profundo y menos propagandístico y folklórico. A partir de la década de los cuarenta (o a finales de los años treinta si se prefiere), empieza la época dorada del western, coincidiendo con la que fue también una época de esplendor para los Estados Unidos. Ya hacia unos años que EE.UU era la gran potencia mundial, la encarnación de unos valores, de una forma de vida y desarrollo totalmente opuesta a la que se proponía des de la URSS y el comunismo, y enfrentada también a los totalitarismos que emanaban de Europa (nazismo y fascismo).

De hecho, junto a la URSS, los EE.UU, fueron los vencedores y liberadores de esos regímenes totalitarios. Europa, arrasada por la II Guerra Mundial, se encontraba en declive. EE.UU no pararía de crecer potencialmente. El afán por exportar y difundir su modelo y la lucha no materializada contra el enemigo (Guerra Fría), fue lo que marcó esta época en la que el western, estaba de moda.

Luego, vinieron épocas más crudas. El colonialismo, se había acabado, pero su heredero, el imperialismo yanqui, seguía haciendo mella en el mundo. Buena parte de la población de la gran potencia no vio con buenos ojos la política intervencionista que EE.UU llevaba a cabo, con lo que las protestas y la crispación social, no hizo más que aumentar. En este contexto, el western no dejó de mutar. A finales de los cincuenta se empiezan a ver las primeras obras decididamente crepusculares, de la mano de Anthony Mann, con “El hombre del Oeste” (1958), y un pletórico Gary Cooper. El propio Ford, también dejará ver esa melancolía de fin de época, en “Quien mató a Liverty Valance” (1962), con unos magníficos y ya maduros James Stewart y John Wayne. Pero no es el final, ni mucho menos. Después de este western crepuscular, se suceden otros estilos, otras maneras.

Pero la época dorada, la de Howard Hawks (“Rio Bravo”), la de Raoul Walsh (“Murieron con las botas puestas”), la de John Ford (“Fort Apache”, “Centauros del Desierto”), Fred Zinnemann (“Solo ante el peligro”), George Stevens (“Raíces profundas”), Nicholas Ray (“Jonhy Guitar”) –por citar algunas de las grandes obras del género en época clásica-, ese esplendor del western, ya nunca volvería.

Cartel de Centauros del desierto (J.Ford, 1956)

Pero como decíamos, el género evoluciona, cambia y no muere. Después de ese crepúsculo, viene una época de revisionismo histórico y de desengaño con la cruda historia de los Estados Unidos. Los Indios, ya no son siempre los malos. Se agudiza un tanto en algunos directores, la sensibilidad respecto a los pobladores autóctonos y originales de Norteamérica. Esta línea que surge ahora dentro del western, durará hasta finales de siglo XX. Ya hemos citado antes “El gran combate” de Ford, también encuadraría bajo esta etiqueta, algunos títulos como “Pequeño gran hombre” (1970) con un jovencísimo Dustin Hoffman, o “Un hombre llamado caballo” del mismo año y con Richard Harris como protagonista en ambas partes del largometraje. Hasta “Bailando con Lobos” (1990) de Kevin Costner, estaría en esta línea.

Nos dejaríamos por en medio de esta frondosa historia del género, el mal entendido en su momento spaghetti western, creado por otro gran maestro del séptimo arte: el italiano, Sergio Leone. Pero esta versión europea y muy particular del western, se escapa de la intencionalidad de este texto. También se escapan, los imprescindibles westerns del que se dice que llegó tarde al género: Clint Eastwood. Déjenme nombrar al menos “The outlaw Josey Wales” (1976), traducida aquí como “El fuera de ley”. Cito esta y no otras, porque además de ser una de mis películas favoritas, también me sirve de ejemplo para hablar muy por encima de una serie de películas (y westerns) que muestran un claro descontento con la política (principalmente, exterior) de su propio país. Es el momento de la larga y dolorosa Guerra del Vietnam, y es el momento también de Nixon y la generación del 68. En “el fuera de ley” se percibe a la perfección ese descontento. También en “Grupo Salvaje” (1969) de Sam Peckinpah, hay interesantes puyas hacia el gobierno de los EE.UU.

Secuencia de “Grupo Salvaje” (S.Peckinpah, 1969)

Algún día nos detendremos a hablar con más calma de estos films, por ahora corto aquí para en breves retomar este relato sobre el western y en concreto sobre “La Diligencia” de Ford. Hasta entonces!

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